¡Traed madera, es la guerra!
Vale la
pena, en los tiempos que vivimos, recordar estas palabras de Groucho Marx en la
película " Los Hermanos Marx en el
oeste". Mientras los hermanos Marx, se afanan en destrozar el tren,
arrancando todo lo que es combustible, y echando a la caldera hasta los
equipajes de los pasajeros; la locomotora de vapor avanza a toda velocidad, en
un viaje sin sentido y sin protección alguna. Incluso el “mudito” cae momentáneamente
a la caldera, y Groucho no para de gritar, “¡traed madera, es la guerra!”. Un
despropósito que tiene gran paralelismo con la gestión actual de la crisis del
Coronavirus. El Gobierno decretó que esto era la guerra, y empezó a quemar a
diestro y siniestro todo lo que encontraba a su paso, poniendo en riesgo la
salud de los sanitarios, arruinando el país, mandando al paro y a la
dependencia de subsidios estatales a millones de familias, quemando sus
equipajes, y dejando el tren del país convertido en una estructura que avanza “unida”
hacia la desesperanza, la falta de libertades y la ruina total, sin contar con
el dolor ya irremediable de la pérdida de casi 30,000 familiares, amigos,
vecinos,…
¡Es la
guerra!, grita sin parar Pedro Sánchez, y justifica así tener rehenes a la
población española en un estado de alarma infinito, privándonos de nuestros
derechos, mientras reclama más madera. Los viajeros con estupor, no se atreven ni a saltar, ni a reclamar;
solo piensan en que se acabe la madera, se acabe el viaje y puedan apearse,
aunque sea en medio del desierto.
Evidentemente,
ni Pedro ni Pablo, saben lo que es la guerra. Pero comparar la lucha contra el
coronavirus con una guerra, cumple la función para tener quietos a los
pasajeros mientras se quema el tren.
Me permito
recordar al Gobierno, algunos elementos claves de una guerra, que por desgracia,
yo si he experimentado, y varias, en diversas partes del mundo.
Una guerra
destroza y deja inservible todas las infraestructuras esenciales productivas.
Una guerra deja a la población en edad laboral, a los más jóvenes y capaces,
diezmados, afectando seriamente a la recuperación posterior del país, por falta
de capital humano. Una guerra desmantela las estructuras de gobierno y la
maquinaria estatal. Una guerra tiene un enemigo al que hay que combatir con
estrategia militar secreta y salvaguardando la información clave y protegiendo los
objetivos e intenciones militares.
La lucha contra
el Coronavirus, no tiene ninguna de las características anteriores, si bien,
Pedro y Pablo, junto con el resto de la tropa ministerial, se han comportado
como si lo tuvieran.
Entiendan
los lectores, que no critico a las izquierdas, ni a las derechas, critico la
incompetencia, mediocridad, falta de lógica y abuso de poder.
Y
finalmente, y para acabar de quemar el tren, ahora se pacta un viaje de más de
un mes de estado de alarma, a cambio de intereses políticos mezquinos, que ninguno
de ellos tiene que ver con la lucha efectiva contra la pandemia. ¿Verdaderamente,
merecemos los españoles que se negocie con nuestra vida, los intereses políticos
de los partidos?.
No echen
más madera, ni eche ningún partido más leña al fuego; esto no es la guerra, es
una pandemia y son nuestras vidas.
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