Homenaje a Juan
Luis Herrero Del Pozo
Con motivo de los
veinte años de las movilizaciones del 0,7%
(por
Fernando Jesús Almansa López)
Conocí a Juan Luis, en 1969 en Túnez,
él era misionero “Padre Blanco”, yo un niño que vivía allí con mis padres y
hermanos.
Juan Luis visitaba nuestra casa frecuentemente. Recuerdo vivamente
que a pesar de mis cortos nueve años, Juan Luis me impactó en aquel entonces.
Recuerdo los debates profundos con mis padres, recuerdo que al confesarme con
él, (como sacerdote que era) jamás me impuso una penitencia sino que me
planteaba retos y me estimulaba a ser mejor. Aquello me hizo ver, ya desde niño, que la
religión no era una sarta de letanías sino un compromiso profundo de mejora
personal y social.
Recuerdo la anécdota de un día que vino a comer a casa y
mi madre me pidió que igualara un mal cortado queso para ofrecérselo a Juan
Luis de forma presentable; casi acabé con el queso en mi afán igualador, (cómo hacen hoy muchos políticos que dicen
recortar para igualar pero se lo comen todo ellos). Y recuerdo las carcajadas
de Juan Luis, su amplia sonrisa y su exigencia intelectual en el debate, del que
yo apenas vislumbraba algo.
¿Quién es Juan Luis Herrero?
Juan Luis es un trabajador infatigable, un gran pensador, un teólogo
profundo, un filósofo agudo, un escritor valiente, (de ello da testimonio su
libro “Religión sin Magia”).
Juan Luis es un auténtico militante político, un verdadero “Zoom Politikum”
aristotélico.
Juan Luis en una palabra es un “arremangao” de la justicia social, que se
atreve con todo y puede con todo.
A buen seguro de forma involuntaria, Juan Luis es un examinador de
conciencias, ya que con su actitud va marcando patrones de coherencia, que nos
lleva al auto examen de conciencia.
En esencia Juan Luis es un referente en el debate y la coherencia de los valores
cristianos y sociales
Juan Luis y la cooperación
Para comprender mejor el perfil intelectual de Juan Luis y su aproximación
crítica y radical al mundo de la cooperación, hay que remontarse a su formación
en Francia y Argelia, que le darían una perspectiva crítica y abierta. Su vivencia
vital hay que buscarla en sus experiencias en Ruanda y Túnez.
Todo ello haría que en 1994 y 1995 mientras en Ruanda y Burundi se llevaba
a cabo uno de los más terribles genocidios de los último años, Juan Luis
comenzará a impulsar junto a otros activistas (Pablo Oses, José Cortés,…) las
movilizaciones por el 0,7%, con las acampadas en el paseo de la Castellana de
Madrid frente al Ministerio de Economía.
Ello se convertiría en una nueva
forma de movilización social que se repetirá años después con otros motivos
reivindicativos, en particular el movimiento 15 M, usó los mismos métodos que
iniciarán dos décadas atrás Juan Luis y sus compañeros. Una movilización basada
en el paso de la indignación a la acción radical no violenta.
Juan Luis llevó a cabo en esos años cuatro huelgas de hambre que marcaron
el destino de la cooperación española y que dejarían secuelas en su salud de
forma irreversible. Una “mutilización” de su salud personal que llevaría vida a
muchas personas de países oprimidos por la injusticia social.
Recuerdo muy vivamente la negociación de la mayor huelga de hambre realizada
por Juan Luis y que duró 27 días, frente de la sede del PP en la Calle Génova
de Madrid.
Juan Luis apostado en una vieja caravana enfrente de la sede del Partido Popular,
me pidió ayudara en las negociaciones para alcanzar un acuerdo con el 0,7%.
Viví con intensidad y a veces angustia aquel papel negociador donde la
intransigencia del PP, y la honesta radicalidad de Juan Luis, a costa de su
propia vida, me ponían en el dilema de buscar un acuerdo manteniendo la esencia
por la que Juan Luis había decidido dejar su vida si fuera necesario. Las
negociaciones con Loyola de Palacio del PP, las vueltas de Paca Sauquillo del PSOE,
todo con gran intensidad y Juan Luis con gran lucidez y serenidad, mientras mermaba su condición
física cada día y me recordaba siempre donde y como poner los puntos sobre las
íes.
Fue para mí una lección vital recibida de Juan Luis: con la pobreza y el
sufrimiento de los demás, no se puede negociar superficialmente, hay que
hacerlo desde la raíz, de forma radical, como lo hizo Juan Luis.
Recuerdo que durante aquel duro proceso la compañía de Reyes y otras muchas
personas fueron calve para mantener la llama de la esperanza siempre encendida.
Y recuerdo con alivio y estupor el final de aquella huelga, tras alcanzar
un acuerdo. Juan Luis puso final a su ayuno comiéndose un pastel de nata. Creí
que entonces sí reventaría. Pero su estomago riojano, asimiló aquel pastel de
la victoria con total satisfacción, y yo también.
¿Qué dejo el 0.7 y las huelgas de hambre de Juan Luis
junto a Pablo Osés y José Cortés?
Aquellas huelgas dejaron un compromiso de avanzar hacia el 0.7% del PIB para cooperación internacional y el
mayor incremento presupuestario que jamás se dio a la cooperación española.
Las huelgas de Juan Luis y las movilizaciones consecuentes sirvieron para
alumbrar una ley de cooperación, la creación de un Consejo de Cooperación que dio
voz a la sociedad civil y se reproduciría en las Comunidades Autónomas.
Un Ministerio que pasó de llamarse de “ A sustos Exteriores”
a Asuntos Exteriores y Cooperación.
Y sobre generó toda una transformación social en la forma de entender la
solidaridad como deber colectivo y no como mera caridad individual. Un cambio
de percepción social de la pobreza, desde el sentimentalismo a la exigencia de
la justicia.
¿Qué queda hoy 20 años después?
Actualmente estamos en retroceso de las administraciones públicas respecto
a la cooperación al desarrollo. La Ayuda Oficial al Desarrollo española, según
datos de Oxfam Intermón, ha retrocedido a niveles inferiores en términos porcentuales a los de 1994 (0.16% del PIB frente a un 0.28%
en 1994), y en niveles absolutos presupuestarios ha retrocedido a los niveles de hace 15 años.
Sin embargo la población se muestra cada día más solidaria con los de aquí
y los de otros países. Sin duda porque existe una conciencia social mayor y más
madura, con un tejido social de
movimientos, y organizaciones de la sociedad civil que ha tomado el relevo
solidario de aquellas movilizaciones.
Hoy existe un sentimiento generalizado en la población de exigencia de
justicia global, un sentimiento de “basta ya a las injusticias”, y un “todos
queremos más justicia”. Sin duda alguna Juan Luis y su testimonio con sus
huelgas de hambre fue una gran semilla de esta realidad.
¿Qué hace falta hoy?
Nos hace falta seguir promoviendo una ética radicalidad incuestionable. Un
acabar con los corruptos no sólo los económicos, sino sobre todo con los corruptos
sociales, de ideas y valores, aquellos que ponen por delante el mercado a la
sociedad, los que valoran más el pago de la deuda que el derecho a la vivienda,
los que entienden que los fondos de cooperación son migajas del rico Epulón, y
no una parte esencial de los presupuestos públicos.
Una radicalidad que salga de los salones y la verborrea política que ha
vuelto a inundar la cooperación y la reemplace por el lenguaje franco, directo,
claro, meridiano; el lenguaje de la verdad el lenguaje riojano de Juan Luis.
Son tiempos nuevos, con retos viejos; ejemplo de lo que hay que hacer queda
claro con testimonios vitales como el de Juan Luis Herrero.
Es imperativo dar continuidad a las ideas, valores, actitudes, trabajo y testimonio de Juan Luis. ¿Cómo? Queda
abierto, puede ser creando el premio a la solidaridad radical Juan Luis
Herrero, reconociendo a personas u organizaciones comprometidas radicalmente con la solidaridad sin adornos, o el día de la solidaridad
radical, etc..
Querido amigo Juan Luis, como dijo Jesucristo a quienes del gritaban un
“viva la madre que te parió”, y él replicó “mejor dichosos aquellos que obran
en justicia y rectitud”; tú así nos lo has dicho a la sociedad, e intentaremos
seguir este ejemplo.
Aun con todo Juan Luis y sabéndo que no te gustan los protagonismos, déjame
que alce mi voz con cariño para decirte: ¡Viva la madre que te parió y viva la
gente como tú!
Fernando Jesús Almansa López
Logroño 6 de Marzo de 2015