martes, 30 de julio de 2019

Política policromática, políticos en blanco y negro.

Política policromática, políticos en blanco y negro.

La política española, parece haber encallado en su ancestral y dramático escollo, este es, el de gestionar la diversidad y pluralidad de ideas dentro del complejo país que es España.
Si la dictadura dio paso a una democracia que en pocos tiempo evolucionaria a un bipartidismo que reproducía el sistema de la alternancia política del llamado “turnismo” de finales del siglo XIX; la aparición con fuerza de nuevos partidos como Ciudadanos o Unidas Podemos, a consecuencia del agotamiento del sistema bipartidista, la crisis económica y la falta de respuesta  a la evolución de los sentimientos nacionalistas, planteaba un nuevo escenario, con mayores opciones para el electorado, que naturalmente se ha traducido en un parlamento más diverso y fraccionado en su composición. Lejos de ser un mal, esto debería ser un gran avance de la democracia, pues en definitiva el parlamento está llamado a representar de la forma más eficaz posible, la diversidad de pensamiento político del conjunto de la población española. Esto supone un reto, pero un reto obvio: parlamentar, llegar a acuerdos, mediar entre posiciones, resolver, solucionar. Encasillarse en el pensamiento propio de cada partido sin llegar a soluciones concertadas, es devolverle a la sociedad la patata caliente de su complejidad sin aportar solución alguna.
Si el sistema político español está profesionalizado, (es decir hay personas a quienes se les paga sus servicios de mediación política, en función de su capacidad y pericia en este tema),  es para que resuelvan, no para que se enroquen en discursos estúpidos que no aportan soluciones.
Los grandes “machos alfa” de la política española, (porque sigue siendo un espacio machista por excelencia), Los Sánchez, Iglesias, Casado y Rivera, no parecen ser políticos a la altura de la realidad actual de la sociedad española: diversa, plural, fraccionada y riquísima cultural e ideológicamente. Más parecen figuras del siglo XIX, que aspiran a bloques monocromáticos bien definidos, y a ser posible, solo en blanco y negro. Así es más fácil gobernar, sin duda; pero no se trata de hacerlo fácil sino de hacerlo bien dentro de la compleja realidad existente.
El encallamiento actual, no se puede resolver devolviendo a la ciudadanía la pregunta de a quién queremos en el parlamento. Se puede contestar una y mil veces pero la papeleta aunque con matices diferentes, será siempre la misma: policromática, compleja y rica. Si estos políticos no saben pintar con esta paleta multicolor, que se dediquen a pintar oscuras escenas en blanco y negro, pero en su casa por favor, no con nuestros impuestos.


Fernando Almansa

martes, 23 de julio de 2019

Cabezas de Jíbaros

Cabezas de Jíbaros

Siendo adolescente, me produjo un gran impacto ver aquellas pequeñas cabezas reducidas que los Jíbaros realizaban y cuyas muestras habían llegado hasta el museo de América de Madrid. No sé si aún se exhibirán estas cabecitas, teniendo en cuenta que el respeto a las personas que portaron aquellas testas, debe prevalecer sobre la curiosidad del público. Pero sea como sea, aquellas cabezas reducidas, a casi un tercio de su original tamaño, eran un trofeo para los Jíbaros, que no solo habían matado a sus enemigos sino que además podían exhibirlos de forma cómoda y diminuta.
Hoy, ya no me impresionan aquellas cabezas de Jíbaros, porque las veo por todos lados, no sé si producto de mi edad o acaso sea una realidad objetiva, el hecho de que una gran parte  de los personajes públicos, particularmente políticos, pero también otros, muestran sin pudor sus diminutas cabezas con sus correspondientes mínimos cerebros, y pasean esas cabecitas  sin rubor alguno, rodeado de un discurso verborréico y populista. No son menos, los que desde las masas públicas exhiben sus jibáricas cabezas y aplauden con sus desproporcionadas manos, las atrocidades de sus personajes favoritos.
Discúlpeme quien crean que me tengo por cabeza superior, no; pero sí me tengo por cabeza pensante y algo cabezón, todo sea dicho.
Pero, ¿cómo calificar a personajes tan esperpénticos, peligrosos e irracionales como Donald Trump? por nombrar el mayor ego-irracional cuasi omnipotente que pulula por el planeta.
Y si descendemos a escenarios más próximos, nuestros políticos, a quien algunos medios de comunicación insisten en llamar líderes, aunque sólo sean marionetas. ¿Qué decir de su altura de miras en sus debates?, ¿Su visión a largo plazo?, ¿su comprensión de las múltiples realidades sociales?. Cabezas de Jíbaros, Jíbaritos.

Y si lo miramos desde los grandes problemas de la humanidad, ¿qué decir?. En Medio Ambiente, los datos son escalofriantes y lo venimos padeciendo; nadie puede negarlo ya; pero ni hay políticas serias medioambientales ni educación básica. En nuestros pueblos y ciudades, tirar latas a la calle, envoltorios de plástico, o abandonar pañales sucios o envoltorios de aluminio en medio del campo, son prácticas comunes y “normalizadas” socialmente.
¿Y si hablamos de políticas sociales?, de atención real a los colectivos más vulnerables, desde una prevención efectiva y no desde el remedio electoralista y lleno de subvenciones clientelistas.
¿Y si hablamos de solidaridad internacional,…?; ¿ y si hablamos de guerras,…?
¿En qué mundo vivimos y qué cabezas de Jíbaros toman las decisiones y que cabezas de chorlito, las siguen sin cuestionarlo?.
Pues no, no quiero ser ni cabeza de Jíbaro, ni de chorlito, sino cabeza pensante; y animo a todos y todas a reaccionar y llamar tonto a quien lo es con independencia de los laureles con los que se coronen, y a exigir responsabilidad y madurez social, medioambiental y colectiva a todos los que se atribuyen un rol representativo en la sociedad.


Fernando Almansa

lunes, 15 de julio de 2019

Pablito quiere ser ministro

Pablito quiere ser ministro

Pablito quiere ser ministro, y por ello lleva semanas, y ya meses, con la insistencia de que le dejen entrar en el Gobierno con su cartera a estreno de colegial aplicado. Tanto le da una cartera ministerial como otra, el caso es ir con su flamante cartera al consejo de ministros y con grave voz, ir tomando medidas en cualquier ámbito de la vida pública, sea en lo económico, en salud, educación, industria, ejército, asuntos exteriores,… ¡Qué más da!, lo importante es mandar, sentirse rodeado de la parafernalia gubernamental y de los palaciegos ministerios, de la que tanto reniega, para poder saboreara el poder, en vivo y en directo.

Pero Pablito quiere ser ministro, él, y no su formación, porque como ya anuncian sus portavoces “es competente y solvente,… “en todas las materias, y como él mismo dice, “no hay que ser técnico, sino político”. ¿Querrá decir qué no hay que saber sino mandar?.

Mi querido Pablo, tu afán por entrar en el Gobierno tendría sentido, si no fuera tan personalista,  si hablaras de verdad y con convencimiento de la realidad dramática que acucia a millones de personas en España y que afecta a otros muchos millones en otras partes del planeta;  y si tu compromiso con las bases, no fuera un mero reafirmarte en tus tesis y en tus dilemas morales, sino una movilización real, recuperando el espíritu del 15-M, en el que te subiste para apalancarte y del que ya solo te quedan frases sueltas y descalabazadas que más parecen anécdotas explicadas en una clase de ciencias políticas en la universidad, que un discurso transformador.

Pablito, este país necesita una Izquierda comprometida y clara, que escuche y resuelva; una Izquierda competente profesionalmente y que construya desde lo posible y con la ambición de lo necesario. No ministros con carteritas para lo que toque.
Has sido un factor clave en eliminar a Izquierda Unida, de la que Garzón ya solo queda como recordatorio de frases clásicas de izquierda. Siguiendo por este camino, del personalismo, desconexión con la realidad y falta de  conocimiento de la alta gestión pública; dejarás un socavón en la izquierda más grande que un agujero negro de los que se tragan galaxias enteras.
Pablito, ¡no te centres!, (para eso, que se centre el otro Pablete, que falta le hace), tú “Izquierdizate” de verdad, en contenido, conocimiento, competencia y colaboración, y no en ministerios de “siniestras” esquinas.


Fernando Almansa