Política policromática, políticos en blanco y
negro.
La política española, parece haber encallado en
su ancestral y dramático escollo, este es, el de gestionar la diversidad y
pluralidad de ideas dentro del complejo país que es España.
Si la dictadura dio paso a una democracia que
en pocos tiempo evolucionaria a un bipartidismo que reproducía el sistema de la
alternancia política del llamado “turnismo” de finales del siglo XIX; la
aparición con fuerza de nuevos partidos como Ciudadanos o Unidas Podemos, a
consecuencia del agotamiento del sistema bipartidista, la crisis económica y la
falta de respuesta a la evolución de los sentimientos nacionalistas, planteaba un nuevo escenario, con mayores
opciones para el electorado, que naturalmente se ha traducido en un parlamento
más diverso y fraccionado en su composición. Lejos de ser un mal, esto debería
ser un gran avance de la democracia, pues en definitiva el parlamento está
llamado a representar de la forma más eficaz posible, la diversidad de pensamiento
político del conjunto de la población española. Esto supone un reto, pero un
reto obvio: parlamentar, llegar a acuerdos, mediar entre posiciones, resolver,
solucionar. Encasillarse en el pensamiento propio de cada partido sin llegar a
soluciones concertadas, es devolverle a la sociedad la patata caliente de su
complejidad sin aportar solución alguna.
Si el sistema político español está
profesionalizado, (es decir hay personas a quienes se les paga sus servicios de
mediación política, en función de su capacidad y pericia en este tema), es para que resuelvan, no para que se enroquen
en discursos estúpidos que no aportan soluciones.
Los grandes “machos alfa” de la política
española, (porque sigue siendo un espacio machista por excelencia), Los Sánchez,
Iglesias, Casado y Rivera, no parecen ser políticos a la altura de la realidad
actual de la sociedad española: diversa, plural, fraccionada y riquísima cultural
e ideológicamente. Más parecen figuras del siglo XIX, que aspiran a bloques
monocromáticos bien definidos, y a ser posible, solo en blanco y negro. Así es
más fácil gobernar, sin duda; pero no se trata de hacerlo fácil sino de hacerlo
bien dentro de la compleja realidad existente.
El encallamiento actual, no se puede resolver
devolviendo a la ciudadanía la pregunta de a quién queremos en el parlamento.
Se puede contestar una y mil veces pero la papeleta aunque con matices
diferentes, será siempre la misma: policromática, compleja y rica. Si estos políticos
no saben pintar con esta paleta multicolor, que se dediquen a pintar oscuras
escenas en blanco y negro, pero en su casa por favor, no con nuestros
impuestos.
Fernando
Almansa