El sentido de la vida, individual y colectiva
El largo período de confinamiento y la
traumática experiencia de la pandemia del COVID-19 con decenas de miles de
muertos en nuestro país (aún no sabemos cuántos), y millones de personas
afectadas en todo el mundo; han hecho que muchas personas se replanteen el
sentido de la vida, el sentido de sus vidas y por lo tanto mirar hacia el
futuro con una nueva perspectiva y con una nueva reordenación de sus valores
directrices vitales.
Muchos hemos retomado conciencia de lo fugaz
que es la vida, de la importancia de hacer lo que uno debe y quiere moralmente,
de mirar más hacia Dios de una forma abierta y no mercantilista; no rezar para
pedir, sino para ser y estar plenamente en disposición de servicio y gratitud.
Esto abre nuevos horizontes y sin duda retos importantes para las personas, las
religiones y para las instituciones que dan forma a las religiones. La religión
del rito hueco sin significado actual, sin experiencia vital espiritual y
profunda ya no valen para nada, ni para nadie. Por ello es urgente que todas
las religiones se actualicen volviendo a sus raíces, a las fuentes que las
inspiraron y las dotaron de sentido para aquellos que las abrazaron con
entusiasmo en los primeros días y que luego otros siguieron durante siglos.
Junto a estas experiencias renovadoras,
convivimos con un fortísimo deseo, de muchos otros millones de personas, de
materializar la experiencia vivida; de dejar atrás sentimientos dolores y
pensamientos inquietantes sobre el sentido de la vida. Volver a las terrazas, a
la playa o a los partidos de fútbol, se
ha convertido en la tierra prometida de muchos que peregrinaron inquietantemente
por los peores meses de la pandemia, y ahora ante una cervecita y dos aceitunas
creen haber alcanzado el olimpo de la felicidad.
La sociedad parece haber quedado dividida
entre los que han replanteado su vida, y los que se han plantado en el
materialismo más alienante de la vida.
Los gobiernos varios, centrales, autonómicos
y municipales, han optado por la segunda línea dando pan y circo en abundancia
y combinándolo con un sucedáneo de revisionismo fundacional nacional, basado en
proclamas huecas, declaraciones de patriotismo chusquero, ensalzamiento de
poderes militares y monárquicos y declaración de pacotilla de héroes y heroínas
al personal sanitario, mientras se los dejaba, literalmente “con el culo al
aire”, sin medios para responder a la pandemia, ni para protegerse a sí mismos.
Estos gobiernos y en especial el gobierno
central, merecen toda la reprobación posible, por una gestión pésima, una
manipulación mediática sin igual, y una violación de derechos fundamentales
absoluta. La incompetencia, con intentos de disimulo de una fraternidad y
unidad patriótica, no hace sino exacerbar lo patético de esta gestión y poner a
muchos de los protagonistas de este cruel circo hispano, como payasos sin ninguna
gracia.
Ojalá la revisión del sentido de la vida de
tantos millones de personas, llegue también a una revisión comunitaria a nivel
nacional y supranacional, colocando los grandes valores de la humanidad:
Libertad, solidaridad, honestidad, trascendencia, etc. en el centro de la
articulación nacional; y ojalá que las responsabilidades ciudadanas, individuales
y colectivas se abran paso y dejen atrás a la charlotada patriotera e irresponsable que muchos miembros del
gobierno ha promovido y siguen promoviendo, sin tener “media torta ideológica”,
como ya algunos significados filósofos, como Fernando Sabater, han definido a algunos
miembros del gobierno central.
Es tiempo de repensar el sentido de la vida,
individual y colectiva, y es tiempo de refundar la humanidad en valores sólidos
y transcendentes y abandonar el materialismo estéril y alienante.
Fernando Almansa