Profesionales mejor que héroes
Nuestro país es tierra de gestas heroicas y de
mártires, al menos así me educaron a mí, y así sigue transmitiéndose a través de
todos los canales posibles: escuelas, prensa, gobierno, etc.
Cambian los héroes y cambian los mártires
según las épocas y el momento social, pero al final nos gusta el martirologio y
el heroísmo más que la tortilla de patata.
Y no es que yo no tenga capacidad de admirar
las grandes gestas que algunas personas son capces de realizar en momentos extremos,
pero creo sinceramente que nos falta más vocación por la profesionalidad y nos
sobra la estridente parafernalia y fanfarria del heroísmo y el martirologio.
Lo que no hacemos por profesionalidad lo
queremos hacer por heroicidad. Y es que la profesionalidad es más costosa y
menos brillante, es una carrera de fondo, una maratón que hay que recorrer cada
día y en la que hay que superarse y mejorar sin parar, donde el aprendizaje
continuo es una exigencia y el espíritu de superación personal una constante
que queda en nuestro interior, sin ninguna vanagloria externa
El profesionalismo está presente en cada
ámbito de la vida, y el heroísmo sólo aparece en oportunidades muy determinadas
y ante unos pocos.
Pero un país no funciona con héroes sino con profesionales
comprometidos día a día.
Cuando veo los homenajes a bomberos, militares,
policia y algún otro colectivo como héroes, me pregunto si acaso no son
profesionales que tiene encomendada una labor social, como la tienen los
comerciantes, abogados, ferrallistas, periodistas o ingenieros.
Es cierto que algunas profesiones tiene más
exposición al riesgo, y por ello requieren de una gran profesionalidad, como
quien trabaja en tráfico, en andamios de gran altura o en una central nuclear,
pero no por ello son heroes o heroínas; son profesionales, que en algún caso
llegan a la heroicidad, como o puede llegar a hacer cualquier otro ciudadano o
ciudadana en su ámbito de actuación.
Resulta paradójico este contraste entre al
vocación cuasi universal española de “trabajar lo menos posible” y el espíritu épico-heróico que domina gran
parte de la sociedad; en medio nos dejamos la tan necesaria y discreta
profesionalidad que es lo que hace que se funcione o no en un país. Y a este
país aún que queda mucho por hacer para que funcione bien.