miércoles, 22 de enero de 2020

¿Y si no hay cielo?

¿Y si no hay cielo?
Esta contundente pregunta la lanzaron algunos familiares próximos, ante el terrible sufrimiento y desconcierto que provocó la muerte de un ser muy querido; y a continuación escuché este dialogo:
¿Y si no hay cielo?.  Sí, sí lo hay, no hay que temer.
¿Y si no lo hay?. ¿Y qué entendemos por cielo?,
El cielo es donde Dios premia a los justos y honrados, a quienes cumplen con su voluntad, a los que hacen el bien, a los que ayudan desinteresadamente, a los que viven con alegría el compartir y ayudar, eso es el cielo.
¿Pero dónde está ese lugar?, o ¿No es un lugar?.
Quizá el cielo esté tan cerca como nosotros mismos estamos de nosotros mismos, quizá el cielo no es un lugar, es un todo, una presencia permanente ante Dios.
 ¿Y quién es Dios?, Dios es la plenitud gozosa, la bondad infinita en todas sus manifestaciones, es el sumatorio de todo bien y toda felicidad, de todo Amor y de toda Alegría.
¿Y dónde está Dios?, Dios no está, Dios es. Es amor, es gratitud, es bondad, es acogida, es plenitud, es liberación, Dios es misericordia, es cariño; Dios es.
Hay cielo, porque hay Dios, hay Dios porque lo reconocemos en lo que no se ve pero sabemos de su realidad infinita y plena, porque lo experimentamos en lo intangible de la vida. Hay Dios y hay Cielo, pero ni está, ni es un lugar; es todo en todo y está en todos, y todos están en Dios.
Este diálogo me llena de alegría, y paz, en un mundo donde hay mucha certeza de infiernos y diablos terrenales, y donde la certeza sobre Dios, el cielo y el bien absoluto se eclipsa por la maldad de unos y otros. Hay cielo, y podemos acercarlo a la tierra entre todos.


Fernando Almansa

miércoles, 15 de enero de 2020

25 años tras las acampadas del 0,7%

25 años tras las acampadas del 0,7%
Ya se han cumplido 25 años, todo un cuarto de siglo, desde que en muchas ciudades de España se produjeran las extensas acampadas, reclamando el 0,7% del PIB, para programas de Cooperación al desarrollo; o dicho de otra manera, destinar una parte ínfima de la riqueza nacional  (70 céntimos por cada cien euros), a cooperar con los países más empobrecidos y expoliados por las potencias colonizadoras y neo-colonizadoras.
Las movilizaciones del 0,7% en el año 1994, acompañadas por las largas huelgas de hambre, llevadas a cabo por Juan Luis Herrero, y Pablo Osés, fueron el detonante de una conciencia masiva de la población española, de que el mundo caminaba hacia el colapso, debido a la avaricia, insolidaridad, y espíritu depredador del capitalismo y de las agresivas políticas neoliberales, que ignoraban la realidad de millones de seres humanos del planeta, daban la espalda al colapso medioambiental y predicaban el crecimiento infinito de la economía, basada en la explotación sin límites de millones de seres humanos y de los recursos naturales.
El 0,7% era la punta de lanza de una reivindicación más amplia, por un cambio social global y al que siguieron otras grandes movilizaciones posteriores de diversa índole, pero siempre con el mismo denominador común: “Se requiere un cambio radical porque este modelo social nos lleva al colapso porque prima la injusticia y el conflicto entre pueblos, y la destrucción medioambiental 
Las movilizaciones del 15 M de 2011, siguieron patrones similares, y las más recientes movilizaciones por el cambio climático a nivel mundial, tienen también mucho de aquel discurso y movilización originario del 0,7%.
Y a pesar de todo, aquí seguimos, con unos compromisos políticos rancios, tacaños y miopes; con una economía que cada vez precariza más la situación laboral de los jóvenes, con más y más muertos  a las puertas de casa y pateras que no cesan de llegar reclamando el derecho a una vida digna; con un derroche de recursos naturales y de impacto medioambiental estúpido e insensato, y con más ruido y fanfarria política que compromiso social real.
Juan Luis Herrero, huelguista de hambre por el 0,7%, y fallecido recientemente, proclamaba que era necesaria una nueva evolución de la especie humana pasando de “homo habilis” al “homo amabilis”; y llevaba razón; si el amor, la solidaridad y el respeto entre los seres humanos no se impone sobre la capacidad utilitaria y manipuladora de los hombres, difícilmente podremos dar respuesta a los grandes retos que tiene la humanidad, y el hombre seguirá  siendo el mayor enemigo del hombre.
Necesitamos recuperar el espíritu del 0,7%, el espíritu de Juan Luis Herrero, y el espíritu de la justicia social y medioambiental  a nivel global.


Fernando Almansa

miércoles, 8 de enero de 2020

¿Cómo recordar a la madre?

¿Cómo recordar a la madre?
¿Cómo recordar a la madre, para hacer una semblanza de ella?. Son miles de recuerdos de imágenes, de vivencias, de risas, de abrazos, de besos y bendiciones.
¿Cómo recordar a la madre?, ¿por la vida, por la belleza, por las caricias, por los consejos, por los juegos,…?
Yo te recuerdo madre, como mística y guía espiritual, como maestra de la vida, cómo filósofa práctica, como psicóloga profunda y como maestra del humor; como fortaleza irreductible ante la dificultad, como luchadora infatigable, como amor, comprensión, tolerancia, aceptación, acogida y cariño.
Mística porque tu vivencia de Dios, no era ninguna teoría teológica y menos aún dogmática, sino, experiencia, realidad incuestionable que experimentabas en tu día a día;  en los días claros y en los oscuros; con lucidez y con búsqueda inagotable.
Guía espiritual, porque marcabas el camino, nos hacías mirar al horizonte de lo trascendente, a superar la materialidad de las cosas y verlas en clave de instrumentos de Dios, buscando el significado de cada acontecimiento, de cada hecho, de cada realidad cotidiana o excepcional.
Maestra de vida y filósofa práctica, porque en cada paso, nos ayudabas a buscar las claves de interpretación del porqué de las cosas y hacer que las cosas tengan un porqué.
Psicóloga profunda, leyendo en los rostros, gestos y miradas la realidad invisible de quienes te rodeaban, de quienes te rodeábamos.
Maestra del humor, arrancando chispas de alegría en anécdotas pequeñas, en gestos, en chistes repetidos infinitamente y que por previsibles, resultaban aún más divertidos; rompiendo la seriedad inútil y dando la alegría de la vida a cada hecho, a cada dificultad.
Y resistente absoluta ante la adversidad, rompiéndola en pedazos para transformarla en positividad y seguir avanzando en la vida.
Cuando oigo alabanzas de madres, basadas en estereotipos de dulzura, sumisión y calidez hogareña, siento que es triste que la grandeza más invisible de las madres, quede oculta tras un cascarón que apenas permite ver la realidad profunda de lo que es una madre, al menos lo que ha sido y es mi madre  para mí y mis hermanas y hermanos: Mística, Amorosa, Maestra y Acogedora.  Este es el significado real de  mamá.
Mamá, un abrazo enorme, en tu presencia infinita.

Fernando Almansa López.
En memoria de mi madre Victoria López Pérez, cuyo cuerpo falleció el 3 de Enero de 2020