Rasgos que nos
conforman quienes nos quieren
Hay personas que dejan huellas profundas en
nuestras vidas, huellas que se marcan en pequeños detalles que van calando hondo
y conforman un recuerdo de vivencias, experiencias y sentimientos que nos dan
forma a través de la relación con ellos.
Alguien quien me dejó huella profunda es mi
tía Teresa, que descanse en Paz. Algunas de las experiencias que han conformado
esa huella profunda en mí son:
Vivir la experiencia
de la “familia extendida”: éste es un concepto muy común en África, y varios países asiáticos.
Sentir que tu familia no son solamente tus padres y hermanos directos, sino tus
tíos y primos, ellos son como padres y hermanos y se establece esta relación de
forma natural. Gracias a la acogida que mis tíos Teresa y Román, siempre me
dieron, y a la convivencia fraternal con mis numerosos primos y primas, he
podido experimentar algo fabuloso y extraordinario y que en nuestra cultura es
poco común: vivir y experimentar la riqueza de la familia extendida.
Compartir la
espiritualidad desde la diferencia generacional y de contexto social. Conservo el grabado
que mi tía me regaló, con la imagen de San Francisco predicando a los
pajarillos; una escena maravillosa y cargada de significado, de la increíble y
ejemplar vida y conversión de San Francisco de Asís. A pesar de la distancia en
la edad y de los entornos en que nuestra
fe se desarrolló, con mi tía Teresa pude tener una comunicación de trascendencia
espiritual, reflejada en pequeños símbolos, detalles y oraciones compartidas.
Ofrecer lo
necesario con generosidad: al regresar de África tras dos años de voluntariado, ya casado y con
nuestra hija mayor, entonces bebé de pocos meses, nuestros tíos nos ofrecieron
alojamiento, hasta que pudimos instalarnos por nuestra cuenta. Discretamente,
sin aspavientos, ni bombo ni platillo; fue una acogida maravillosa, de la que
la sagrada familia no pudo beneficiarse, porque no debía haber ninguna “tía
Teresa ni tío Román” en Belén en aquellos días; nosotros sí tuvimos esa suerte.
Escribir con libertad
aun en la discrepancia: Mis artículos en Nueva Alcarria, que ya llevan un recorrido de más
de 16 años, han provocado, algunos sarpullidos y críticas entre los sectores
más conservadores, por lo incisivo de mi argumentario, y mi cierto descaro en
algunos planteamientos que con orgullo defino como radicales por ser de raíz.
Mi tía Teresa me defendía a pesar de que pudiéramos tener planteamientos ideológicos
diversos. Ella confiaba en mi criterio y me defendió en más de una ocasión. Eso
sí es defender la libertad de expresión, especialmente en los círculos más
pequeños, que suelen ser los más duros de roer.
Y las
judías verdes que me evitabas porque de chico me daban arcadas, y el chaquetón de
lana que me hiciste y con el que estudié gran parte de la carrera, y el dejarme
la cocina para hacer churros para toda la familia, y tantos detalles de vida,
que ahora ya están en el recuerdo y en la huella profunda que da un rasgo más a
mi personalidad. Gracias tía Tere.
Apreciar los rasgos que otros
nos han conformado, de forma positiva y prolongada es dar gracias a Dios por la
vida a través de la vida de los otros.
Fernando Almansa