El salto de la responsabilidad
política al “mesianismo” ridículo
Hace unos días un articulista hablaba de “las
homilías de Illa y de los sermones de Sánchez”; y efectivamente, Sánchez en
particular, ha ido adoptando, cada vez más, un papel “sacerdotal” mediador
entre las fuerzas supremas que dirimen el bien y el mal de la humanidad y el
pueblo ignorante y desorientado que busca un “mesías” todopoderoso, sabio y
prudente que salve al pueblo de la pandemia y sus consecuencias.
Es interesante analizar los discursos de
Sánchez a la nación, sus “predicas” apelando a bienes superiores: la unidad, el
espíritu de victoria, la ejemplaridad de la nación, la devota sumisión a los
poderes del Estado, etc., etc. Resultaría reconfortante si eso reflejara la
realidad, pero resulta grotesco, humillante e irritante, al ver la enorme
brecha que separa la realidad del sermón del presidente.
Más lamentable aún, resulta ver el énfasis con
el que proclama que se reiniciará la liga de futbol, el turismo estival, y la
apertura de terrazas. Grandes prioridades nacionales sin duda alguna, que el
dadivoso mesías trae a un país en ruina y adormecido.
Resulta interesante también, analizar sus
gestos, su lenguaje no verbal, su expresión cada vez más hierática, apática,
carente de toda emoción; hace pensar que está sometido a un tratamiento psicológico
y quizá farmacológico, para proteger sus emociones y no derrumbarse, haciendo
cada vez, más distante la separación entre la realidad objetiva y la realidad
subjetiva en la que vive Sánchez. Da miedo, mucho miedo,… más que el propio
virus.
A esto se añade los envoltorios de mentiras y
realidades incompletas con las que el señor Simón y otros riegan cada día las
comunicaciones oficiales. Cuando Simón dice que se canceló el acto evangélico
previo al 8 de Marzo, porque pensaban asistir personas de varios países
afectados por la pandemia, no dice, que los aeropuertos internacionales
españoles siguieron plenamente abiertos y sin ninguna, absolutamente ninguna,
medida de control y prevención, incluso una vez decretado el estado de alarma,
como yo mismo pude experimentar en el aeropuerto de Madrid el mismo día 15 de
marzo a mi regreso del sudeste asiático. Si en esas fechas entraban cada día
decenas de miles de pasajeros internacionales procedentes de todo el mundo y
sin control alguno, parece ridículo cancelar encuentros de congresos de unos
cientos de personas, todos ellos identificados y con total capacidad de darles
seguimiento.
Mentiras, y medias verdades, que se lanzan
con una asertividad propia de maestrillo autoritario que menosprecia la
inteligencia de sus pupilos.
Mal vamos, y con una oposición tan insensata
como el propio gobierno, sólo nos queda a la ciudadanía, mantener la
responsabilidad que la clase política no tiene, seguir denunciando, proponiendo
y para los creyentes,… rezando, y mucho.
Fernando Almansa