miércoles, 29 de mayo de 2019

Feminismo, personalismo y clasismo

Feminismo, personalismo y clasismo

Afortunadamente y gracias a la insistente lucha de muchas mujeres y hombres, el feminismo, como movimiento reivindicador de los derechos de las mujeres y de la justicia de género, se ha abierto paso en nuestra sociedad de forma definitiva; y aunque aún queda mucho por avanzar, ya nadie cuestiona que los derechos de las mujeres deben defenderse y protegerse en todos los ámbitos sociales. El tratamiento de género en la lengua es aún una asignatura pendiente de resolver, aunque se va avanzando y gradualmente se llegará a un tratamiento de género que cuente con consenso social y refleje de manare ecuánime la relación entre hombres y mujeres, sin fomentar estereotipos o mensajes subliminales que se cuelan en el uso de la lengua castellana. Los medios de comunicación son cada vez más cuidadosos y precisos en este aspecto.
No así ocurre con otros aspectos de la comunicación social, que reflejan de forma clara la estructura de valores sociales que subyacen en nuestra sociedad, aunque se declare formalmente lo contrario. Me refiero concretamente a los personalismos y al clasismo social. Los partidos políticos y la prensa política caminan a la par en esto, aunque declaren lo contrario.
Todos estamos acostumbrados a oír expresiones como “los de Rivera…”, “la agrupación de Pablo Iglesias…”,  “ el partido de Casado…”, etc. ; como si el trabajo de las diferentes formaciones políticas, lejos de ser un trabajo colectivo fuera la propiedad y señorío de una sola persona.
Y qué decir de los clasismos; resulta escandaloso, oír  y leer reiteradamente en la prensa aquello de “ los barones del partido…”; aquí se alcanza el culmen del machismo lingüístico, el personalismo y el clasismo. Escandaloso en grado máximo cuando además se refieren a “barones” de partidos que pregonan la igualdad, la horizontalidad y la supresión de las clases sociales.
Detrás de todo esto, no hay una cuestión semántica o lingüística, sino fundamentalmente una cuestión de valores sociales. Lamentablemente, el culto al caudillo, al “líder” sigue  muy presente en nuestra sociedad, y este culto caudillista convive en perfecta y paradójica simbiosis con un ancestral rechazo a la autoridad y al “jefe”. Estructuras sociales con “machos alfa” a los que se encumbra y se odia a la vez,  mala base para una democracia, donde el respeto en igualdad, la participación y la inclusión de todos y todas sean la máxima social.

Algún día los medios de comunicación y los poderes políticos, revisarán el lenguaje actual y con bochorno lo corregirán, y esperemos que la sociedad sea quien lo exija desde unos valores más feministas, comunitarios e igualitarios .

martes, 21 de mayo de 2019

Elecciones del siglo XIX para retos del siglo XXI

Elecciones del siglo XIX para retos del siglo XXI

Este domingo volveremos a las urnas, nada menos que a “tres procesos electorales en uno”, cuando aún no nos hemos recuperado del anterior. Se trata de delegar nuestra participación ciudadana en representantes en diversos ámbitos: municipal, autonómico y europeo; tras haberlo hecho en la Cámara Alta y en la Baja, hace apenas unos días. El sistema de asignar los escaños o representaciones, varía según el ámbito electoral; pero al final es la combinación de la definición de circunscripciones electorales y la aplicación de la ley D’Hondt la que en España decide la forma en que nuestro voto se aplica. Una ley inventada en  1878, hace siglo y medio, y que sigue siendo vigente, por oscuros intereses de reparto entre los grandes partidos.
En una era donde se compra por internet, se comunica por internet, se hacen todo tipo de trabajos por mecanismos de comunicación electrónicos; en una época en la que el número de terminales de telefonía móvil en el país es muy superior al número de habitantes; seguimos rellenando papeletas, haciendo circunscripciones electorales decimonónicas, y aplicando un sistema de reparto de escaños que no solo es injusto, sino que es incapaz de aprovechar el inmenso conocimiento matemático, político y tecnológico que se ha desarrollado en el último siglo y medio.

Además se movilizará a miles de ciudadanos que deberán estar en las mesas electorales  de 8 de la mañana a quizá las dos o las tres de la madrugada, contando papeletas y acumulando errores humanos que se revertirán finalmente sobre un sistema electrónico de compilación de datos sofisticado, tan sofisticado como el que no se quiere imponer para que la ciudadanía vote electrónicamente en un marco electoral, renovado, más justo y proporcional.

El sistema democrático parece estar anclado en los miedos, el miedo de cambiar circunscripciones, el miedo a cambiar la asignación de escaños, el miedo a cambiar la forma de votar, el miedo a proporcionalidades más sofisticadas y acorde con la capacidad matemática y tecnológica actual y con la realidad política y social de estados modernos, complejos y donde la ciudadanía comparte información instantáneamente; el miedo a actualizar la constitución, el miedo en definitiva a una democracia más avanzada.
Votaremos, a la vieja usanza, vestidos con trajes de época, y ¡ hasta la próxima!.
La democracia, si no se adapta a los tiempos, es un retal de historia mal cosido a la sociedad.


Fernando Almansa López

viernes, 10 de mayo de 2019

El tarro de monedas

El tarro de monedas

Es una imagen de infancia, una anécdota pequeña, pero que se pega a la memoria con gran viveza, y solo cunado pasa el tiempo y ya las canas han cubierto la cabeza, soy capaz de apreciar en todo su valor.
Es el tarro de cristal, que mi tía Leo, tenía en la cocina y donde iba echando las monedas de cambios que iban cayendo en sus manos, pesetas de las de entonces. ¿qué hacía con ellas?, pues esencialmente cosas buenas, darlo a la parroquia, a alguien necesitado, o lo que considerará más necesario y oportuno.
¿Por qué me llamó la atención?, porque esas pesetas era lo que yo gastaba en pipas o regaliz, y me parecía admirable que la tía Leo, madre de una extensísima familia, no usara esas pesetas para ella misma o la familia. Me parecía sorprendente esa forma de ahorro caritativo.
Sólo ahora entiendo que cada vez que una peseta entraba en el tarro, además de generar una pequeña ayuda, generaba un pensamiento positivo solidario, un recuerdo del deber de compartir, como quien reza una y otra vez una oración para recordarse así mismo su sencillez ante Dios. Una y otra moneda, recordaba que lo pequeño es hermoso y que solo los gestos cotidianos y perseverantes tienen valor, no las estridencias puntuales y mediáticas.
El tarro de monedas era de cristal, era de hecho, uno de esos frascos de café vacíos, se veía como subían las monedas y cuando llegaba al límite, se vaciaba en la entrega total y se volvía a empezar.
Una anécdota, que refleja la grandeza de la tía Leo y que se manifestaba en miles de cosas cada día, en su fortaleza, su simpatía, su caridad, su discreción, su inteligencia, su capacidad de administrar; su capacidad inagotable de trabajar, de ir a por todo y a por todas en todo momento. Una mujer de una pieza, como las grandes mujeres que se relatan en el Antiguo Testamento.
Desde el cielo, te reirás al “leer” estas líneas, y tu sonrisa nos bendecirá como tantas veces. Descansa en Paz tía Leo.


Fernando Jesús Almansa López