lunes, 1 de febrero de 2021

Más vacunar y menos reprimir

Más vacunar y menos reprimir

El Gobierno de Concha Andreu, como el de Sánchez y otros muchos de nivel autonómico, parecen estar enrocados en un liderazgo casposo, y regañón, culpabilizante a la ciudadanía, y ajeno a dar cuentas de la gestión sobre la pandemia.
El lenguaje usado por Andreu y otros muchos, mal llamados “líderes sociales”, está más cerca del autoritarismo, del ordeno y mando y del chusquero machismo, que de un lenguaje de corresponsabilidad, participación y  propuesta de soluciones rigurosas y consensuadas.
Mientras la vacunación avanza a trancas y barrancas, y no con la velocidad de emergencia mundial que requiere, se acumulan las limitaciones de derechos, las restricciones al trabajo y la falta de dotaciones en abundancia de recursos sanitarios  y educativos, reconvirtiendo de forma drástica presupuestos, tal y como exige la situación.
Mientras se nos llama a la solidaridad, la clase política no solo preserva sus privilegios, sino que los agranda, aumentando salarios y manteniendo in extremis a arribistas incompetentes y mentirosos, como recién hemos visto.
Andreu, parece ignorar que su discurso y su hacer, no solo es antipático, inapropiado y poco inteligente, sino que además es profundamente injusto e insolidario, abocando a mayor pobreza a la población riojana, no solo la hostelería, (sector muy tocado y muy visible en nuestra sociedad), sino a tantos otros sectores invisibilizados.
Señora Andreu, renueve su enfoque de liderazgo, hable con la sociedad, empatice, resuelva, invierta masivamente en sanidad y educación, y no reprima derechos sin evidencias científicas de beneficios mayores. La sociedad riojana está harta de la incompetencia gestora que causa muerte y pobreza.


 Fernando Jesús Almansa López





martes, 14 de julio de 2020

El sentido de la vida, individual y colectiva

El sentido de la vida, individual y colectiva
El largo período de confinamiento y la traumática experiencia de la pandemia del COVID-19 con decenas de miles de muertos en nuestro país (aún no sabemos cuántos), y millones de personas afectadas en todo el mundo; han hecho que muchas personas se replanteen el sentido de la vida, el sentido de sus vidas y por lo tanto mirar hacia el futuro con una nueva perspectiva y con una nueva reordenación de sus valores directrices vitales.
Muchos hemos retomado conciencia de lo fugaz que es la vida, de la importancia de hacer lo que uno debe y quiere moralmente, de mirar más hacia Dios de una forma abierta y no mercantilista; no rezar para pedir, sino para ser y estar plenamente en disposición de servicio y gratitud. Esto abre nuevos horizontes y sin duda retos importantes para las personas, las religiones y para las instituciones que dan forma a las religiones. La religión del rito hueco sin significado actual, sin experiencia vital espiritual y profunda ya no valen para nada, ni para nadie. Por ello es urgente que todas las religiones se actualicen volviendo a sus raíces, a las fuentes que las inspiraron y las dotaron de sentido para aquellos que las abrazaron con entusiasmo en los primeros días y que luego otros siguieron durante siglos.
Junto a estas experiencias renovadoras, convivimos con un fortísimo deseo, de muchos otros millones de personas, de materializar la experiencia vivida; de dejar atrás sentimientos dolores y pensamientos inquietantes sobre el sentido de la vida. Volver a las terrazas, a la playa  o a los partidos de fútbol, se ha convertido en la tierra prometida de muchos que peregrinaron inquietantemente por los peores meses de la pandemia, y ahora ante una cervecita y dos aceitunas creen haber alcanzado el olimpo de la felicidad.
La sociedad parece haber quedado dividida entre los que han replanteado su vida, y los que se han plantado en el materialismo más alienante de la vida.
Los gobiernos varios, centrales, autonómicos y municipales, han optado por la segunda línea dando pan y circo en abundancia y combinándolo con un sucedáneo de revisionismo fundacional nacional, basado en proclamas huecas, declaraciones de patriotismo chusquero, ensalzamiento de poderes militares y monárquicos y declaración de pacotilla de héroes y heroínas al personal sanitario, mientras se los dejaba, literalmente “con el culo al aire”, sin medios para responder a la pandemia, ni para protegerse a sí mismos.
Estos gobiernos y en especial el gobierno central, merecen toda la reprobación posible, por una gestión pésima, una manipulación mediática sin igual, y una violación de derechos fundamentales absoluta. La incompetencia, con intentos de disimulo de una fraternidad y unidad patriótica, no hace sino exacerbar lo patético de esta gestión y poner a muchos de los protagonistas de este cruel circo hispano, como payasos sin ninguna gracia.
Ojalá la revisión del sentido de la vida de tantos millones de personas, llegue también a una revisión comunitaria a nivel nacional y supranacional, colocando los grandes valores de la humanidad: Libertad, solidaridad, honestidad, trascendencia, etc. en el centro de la articulación nacional; y ojalá que las responsabilidades ciudadanas, individuales y colectivas se abran paso y dejen atrás a la charlotada patriotera  e irresponsable que muchos miembros del gobierno ha promovido y siguen promoviendo, sin tener “media torta ideológica”, como ya algunos significados filósofos, como Fernando Sabater, han definido a algunos miembros del gobierno central.
Es tiempo de repensar el sentido de la vida, individual y colectiva, y es tiempo de refundar la humanidad en valores sólidos y transcendentes y abandonar el materialismo estéril y alienante.


Fernando Almansa

miércoles, 10 de junio de 2020

No olvidemos, no olvidaremos

No olvidemos, no olvidaremos
Empiezan a surgir miradas hacia tras, como si la pandemia ya hubiera pasado, comienzan las acusaciones, las revisiones, el desperezarse de un sueño, que con adormideras, ha vivido gran parte de la población.
Mientras se nos lavaba el cerebro con cantos patrióticos a la unidad nacional, aplausos a héroes, heroínas y advenedizos, soflamas al patriarcado y a las estructuras jerárquicas centralizadas con machos alfa y uniformes. Mientras se hacía una recuperación sanchista en versión de terraza, playa y fútbol de “la unidad de destino en lo universal”; mientras se acumulaban más de 42.000  fallecidos, la mayoría ancianos, abandonados a su suerte, bajo un supuesto criterio de “triage” médico que tan solo ocultaba la incompetencia gerencial del sistema sanitario.
Mientras las mascarillas eran un lujo inaccesible, y ahora se convirtieron en obligación sancionable; mientras Sánchez hablaba de encargar paellas, y la policía secreta denunciaba a inocentes ciudadanos, que acudían a sus talleres.
Mientras en el congreso de los diputados, los partidos políticos, todos, absolutamente todos, negociaban sus intereses, usándonos como rehenes, bajo el argumento del control pandémico, sin argumentos médicos, sociales ni económicos, solo en base a sus intereses de partido y sus perspectivas electorales.
Mientras nuestra libertad, nuestra salud, nuestra autonomía… mientras los derechos todos, se convertían en recuerdos del pasado, la asunción de responsabilidades se esfumaba en una nebulosa y los políticos, o se escondían como conejos atemorizados o sacaban pecho arrogantemente presumiendo de incompetencia.
No olvidaremos, no debemos olvidar, que la democracia en este país, es una fachada de cartón, que los derechos son grotescos “ninots” que se queman en las fallas de las pandemias; que los ciudadanos, no tenemos derecho ni tan siquiera a pensar y opinar libremente, y que el derecho al trabajo es secundario a la “gracia subsidiante” gubernamental.
No olvidemos, que hay que pasar por la “guillotina” virtual de la depuración política a todos los que negligentemente ha dejado morir a nuestras familias, a los que han creado el caldo de cultivo para la miseria y la pobreza; a los que nos han maltratado como si abusadores infantiles fueran, y han ninguneado nuestra autonomía, madurez y derecho ciudadano.
No olvidemos y actuemos. Esto, además de una pandemia, ha sido y es, una borrachera de despropósitos, una orgía de abusos de poder, y una guerra al derecho, a la libertas y a los cantos de dignidad humana, que con tanto esfuerzo la humanidad ha ido construyendo a lo largo de siglos,  en particular tras la segunda guerra mundial.
No olvidemos. No lo olvidaremos.


Fernando Almansa

jueves, 28 de mayo de 2020

El salto de la responsabilidad política al “mesianismo” ridículo

El salto de la responsabilidad política al “mesianismo” ridículo
Hace unos días un articulista hablaba de “las homilías de Illa y de los sermones de Sánchez”; y efectivamente, Sánchez en particular, ha ido adoptando, cada vez más, un papel “sacerdotal” mediador entre las fuerzas supremas que dirimen el bien y el mal de la humanidad y el pueblo ignorante y desorientado que busca un “mesías” todopoderoso, sabio y prudente que salve al pueblo de la pandemia y sus consecuencias.
Es interesante analizar los discursos de Sánchez a la nación, sus “predicas” apelando a bienes superiores: la unidad, el espíritu de victoria, la ejemplaridad de la nación, la devota sumisión a los poderes del Estado, etc., etc. Resultaría reconfortante si eso reflejara la realidad, pero resulta grotesco, humillante e irritante, al ver la enorme brecha que separa la realidad del sermón del presidente.
Más lamentable aún, resulta ver el énfasis con el que proclama que se reiniciará la liga de futbol, el turismo estival, y la apertura de terrazas. Grandes prioridades nacionales sin duda alguna, que el dadivoso mesías trae a un país en ruina y adormecido.
Resulta interesante también, analizar sus gestos, su lenguaje no verbal, su expresión cada vez más hierática, apática, carente de toda emoción; hace pensar que está sometido a un tratamiento psicológico y quizá farmacológico, para proteger sus emociones y no derrumbarse, haciendo cada vez, más distante la separación entre la realidad objetiva y la realidad subjetiva en la que vive Sánchez. Da miedo, mucho miedo,… más que el propio virus.
A esto se añade los envoltorios de mentiras y realidades incompletas con las que el señor Simón y otros riegan cada día las comunicaciones oficiales. Cuando Simón dice que se canceló el acto evangélico previo al 8 de Marzo, porque pensaban asistir personas de varios países afectados por la pandemia, no dice, que los aeropuertos internacionales españoles siguieron plenamente abiertos y sin ninguna, absolutamente ninguna, medida de control y prevención, incluso una vez decretado el estado de alarma, como yo mismo pude experimentar en el aeropuerto de Madrid el mismo día 15 de marzo a mi regreso del sudeste asiático. Si en esas fechas entraban cada día decenas de miles de pasajeros internacionales procedentes de todo el mundo y sin control alguno, parece ridículo cancelar encuentros de congresos de unos cientos de personas, todos ellos identificados y con total capacidad de darles seguimiento.
Mentiras, y medias verdades, que se lanzan con una asertividad propia de maestrillo autoritario que menosprecia la inteligencia de sus pupilos.
Mal vamos, y con una oposición tan insensata como el propio gobierno, sólo nos queda a la ciudadanía, mantener la responsabilidad que la clase política no tiene, seguir denunciando, proponiendo y para los creyentes,… rezando, y mucho.

Fernando Almansa