miércoles, 19 de febrero de 2020

Chuparse el dedo

Chuparse el dedo
Leyendo este título, quizá pensarán los lectores que quiero hacer una crítica a los innumerables políticos que parecen estar chupándose el dedo mientras a su alrededor los problemas sociales y económicos se multiplican.
Quizás, otros piensen que pretendo reflexionar sobre el hábito de muchos niños de chuparse el dedo para suplir el chupete, cuando éste es retirado por sus padres.
O quizás otros imaginen que quiero comentar el hábito de chuparse los dedos cuando la comida es exquisita, y hay un ambiente campero.
Pues no, mi reflexión viene al hilo de las babas que infinidad de personas nos regalan cada día, sin que parezca importar a nadie, y menos a la sanidad pública. Llama la atención este fenómeno de increíble potencial viral, cuando el planeta se conmociona un año sí y otro también con pandemias víricas mortales; actualmente el COVID-19 o comúnmente conocido coronavirus.
Repasen un día cualquiera. Es posible que salgan a comprar el pan; en la tahona el panadero o panadera le envolverá solícitamente su pistola de pan en un papelito que previamente habrá cogido mojándose el dedo en la lengua, y allí van felices, pan, papel, baba y virus y todo incluido en el modesto precio del pan. ¡Esto sí es una pistola mortal, y no la de pan!.
Probablemente vea a algún conocido leyendo el periódico en la cafetería, y para pasar más cómodamente las hojas, se chupará el dedo índice en la lengua y pasará página, y al acabar de leerlo se lo ofrecerá para que lo lea usted también, y usted tal vez repita el hábito cogiendo y dando babas, de los lectores previos y a los lectores siguientes.
Si se acerca a cualquier tienda, sea frutería, ferretería, relojerías, en cuanto aparece una bolsa que se resiste a abrirse, o un papel que agarrar, allá van los índices humedecidos en salivas variadas, llevando alegremente virus de todo tipo y color.
¡Esto sí que es coronarse de virus!, esto sí que es propagación viral efectiva y no lo del Youtube.
Pero nadie parce percatarse de ello, ni jamás vi campaña sanitaria al respecto.
Los dediles de goma que antaño usaban banqueros y algunos tenderos, para evitar tenerse que chupar los dedos al contar sus dineros o envolver productos, hoy se han reemplazado por la lengua orgánica, compostable y reciclable que reparte fluidos víricos por todos lados.
En fin, apreciada lectora y apreciado lector, si al acabar de leer estas líneas decides pasar página, no lo hagas chupándote el dedo, dobla, agarra, o incluso sopla, pero quietecita esa lengua, la salud pública te lo agradecerá.


Fernando Almansa López

martes, 4 de febrero de 2020

¿Regular o ahogar?


¿Regular o ahogar?

Recientemente un estudio del Banco de España, afirmaba que “en los últimos 40 años, se ha cuadruplicado el volumen de normativas que afectan a la actividad empresarial y de los autónomos”, y concluía que como consecuencia "la excesiva regulación normativa merma gravemente la creación de nuevas empresas y frena el crecimiento empresarial". La sobrerregulación normativa en España, con 364.267 normativas en los último 40 años, "ha tenido un efecto devastador", según dicho estudio " la excesiva regulación normativa de las administraciones autonómicas, provinciales y locales han afectado a la creación de empresas y al crecimiento empresarial"; y esto ha afectado gravemente a las actividades de las pequeñas empresas y de los autónomos.
Meses atrás Bankia, banco reflotado con todos nuestros impuestos, lanzó una campaña a favor de los autónomos, declarándolos héroes, y mártires. Lo mismo hizo el Banco de Santander, banco que figura entre los menos éticos de España; el Banco de Santander no dejaba de dar las gracias a los autónomos que asumen riesgos y siempre estan ahí.
Efectivamente, la miseria que el sistema público genera, ahogando a los autónomos y empresarios con normativas imposibles de gestionar y digerir y con un sinfín de impuestos desproporcionados, al mismo tiempo que con unas coberturas sociales mínimas; ésta agonia es utilizada como reclamo publicitario de la banca más oportunista y poco ética que domina el panorama financiero español.
Los diversos Gobiernos, locales, autonómicos y estatales, deberían prestar más atención a la realidad objetiva de la microempresa y de los autónomos;  dejarlos respirar para que puedan sobrevivir, en lugar de asfixiarlos con normativas sobrepuestas hasta la hartura y que hacen inviable la iniciativa y economía de la microempresa.
Que el Banco de España llegue a tan significadas conclusiones no deja de ser una perogrullada, que nos cuesta muy cara, porque para evidenciar esta obviedad, vaya Vd. a saber cuánto nos ha costado de nuestros impuestos, dicho estudio.
Pero además del hecho  de que la normativa excesiva ahoga al trabajador autónomo, es que su multiplicidad, requiere cada vez de mayor número de funcionarios, que controlen el cumplimento de la norma, persigan errores o desacatos y sancionen debidamente a quienes no cumplan a piejuntillas.
Así, el círculo vicioso se perpetúa, y no es de sorprender que cada vez más personas aspiren a escapar de la iniciativa personal de montar sus empresas o negocios y busquen refugio en el sistema funcionarial, donde “ni nieva, ni llueve” como le pasaba a Pulgarcito en la tripa del buey.
Este país crea normas y leyes a tutiplén, porque hay un tufo autoritario y regulador que lo impregna todo, y ello genera la cultura del incumplimiento por la propia saturación normativa. Y así en este Ying-Yang, vamos marcando la espiral del absurdo y de la destrucción, no sólo de empleo sino de creatividad e ilusión.

Fernando Almansa