¿Regular o
ahogar?
Recientemente
un estudio del Banco de España, afirmaba que “en los últimos 40 años, se
ha cuadruplicado el volumen de normativas que afectan a la actividad
empresarial y de los autónomos”, y concluía que como consecuencia "la
excesiva regulación normativa merma gravemente la creación de nuevas empresas y
frena el crecimiento empresarial". La sobrerregulación normativa
en España, con 364.267 normativas en los último 40 años, "ha tenido un
efecto devastador", según dicho estudio " la excesiva
regulación normativa de las administraciones autonómicas, provinciales y
locales han afectado a la creación de empresas y al crecimiento empresarial";
y esto ha afectado gravemente a las actividades de las pequeñas empresas y de
los autónomos.
Meses atrás
Bankia, banco reflotado con todos nuestros impuestos, lanzó una campaña a favor
de los autónomos, declarándolos héroes, y mártires. Lo mismo hizo el Banco de
Santander, banco que figura entre los menos éticos de España; el Banco de
Santander no dejaba de dar las gracias a los autónomos que asumen riesgos y
siempre estan ahí.
Efectivamente,
la miseria que el sistema público genera, ahogando a los autónomos y
empresarios con normativas imposibles de gestionar y digerir y con un sinfín de
impuestos desproporcionados, al mismo tiempo que con unas coberturas sociales
mínimas; ésta agonia es utilizada como reclamo publicitario de la banca más
oportunista y poco ética que domina el panorama financiero español.
Los
diversos Gobiernos, locales, autonómicos y estatales, deberían prestar más
atención a la realidad objetiva de la microempresa y de los
autónomos; dejarlos respirar para que puedan sobrevivir, en lugar de
asfixiarlos con normativas sobrepuestas hasta la hartura y que hacen inviable
la iniciativa y economía de la microempresa.
Que el
Banco de España llegue a tan significadas conclusiones no deja de ser una
perogrullada, que nos cuesta muy cara, porque para evidenciar esta obviedad,
vaya Vd. a saber cuánto nos ha costado de nuestros impuestos, dicho estudio.
Pero además
del hecho de que la normativa excesiva ahoga al trabajador autónomo,
es que su multiplicidad, requiere cada vez de mayor número de funcionarios, que
controlen el cumplimento de la norma, persigan errores o desacatos y sancionen
debidamente a quienes no cumplan a piejuntillas.
Así, el
círculo vicioso se perpetúa, y no es de sorprender que cada vez más personas
aspiren a escapar de la iniciativa personal de montar sus empresas o negocios y
busquen refugio en el sistema funcionarial, donde “ni nieva, ni llueve” como le
pasaba a Pulgarcito en la tripa del buey.
Este país
crea normas y leyes a tutiplén, porque hay un tufo autoritario y regulador que
lo impregna todo, y ello genera la cultura del incumplimiento por la propia
saturación normativa. Y así en este Ying-Yang, vamos marcando la espiral del
absurdo y de la destrucción, no sólo de empleo sino de creatividad e ilusión.
Fernando
Almansa
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