Chuparse el dedo
Leyendo este título, quizá pensarán los
lectores que quiero hacer una crítica a los innumerables políticos que parecen
estar chupándose el dedo mientras a su alrededor los problemas sociales y
económicos se multiplican.
Quizás, otros piensen que pretendo reflexionar
sobre el hábito de muchos niños de chuparse el dedo para suplir el chupete,
cuando éste es retirado por sus padres.
O quizás otros imaginen que quiero comentar
el hábito de chuparse los dedos cuando la comida es exquisita, y hay un
ambiente campero.
Pues no, mi reflexión viene al hilo de las
babas que infinidad de personas nos regalan cada día, sin que parezca importar
a nadie, y menos a la sanidad pública. Llama la atención este fenómeno de
increíble potencial viral, cuando el planeta se conmociona un año sí y otro
también con pandemias víricas mortales; actualmente el COVID-19 o comúnmente conocido
coronavirus.
Repasen un día cualquiera. Es posible que
salgan a comprar el pan; en la tahona el panadero o panadera le envolverá solícitamente
su pistola de pan en un papelito que previamente habrá cogido mojándose el dedo
en la lengua, y allí van felices, pan, papel, baba y virus y todo incluido en
el modesto precio del pan. ¡Esto sí es una pistola mortal, y no la de pan!.
Probablemente vea a algún conocido leyendo el
periódico en la cafetería, y para pasar más cómodamente las hojas, se chupará
el dedo índice en la lengua y pasará página, y al acabar de leerlo se lo
ofrecerá para que lo lea usted también, y usted tal vez repita el hábito
cogiendo y dando babas, de los lectores previos y a los lectores siguientes.
Si se acerca a cualquier tienda, sea frutería,
ferretería, relojerías, en cuanto aparece una bolsa que se resiste a abrirse, o
un papel que agarrar, allá van los índices humedecidos en salivas variadas,
llevando alegremente virus de todo tipo y color.
¡Esto sí que es coronarse de virus!, esto sí
que es propagación viral efectiva y no lo del Youtube.
Pero nadie parce percatarse de ello, ni jamás
vi campaña sanitaria al respecto.
Los dediles de goma que antaño usaban
banqueros y algunos tenderos, para evitar tenerse que chupar los dedos al
contar sus dineros o envolver productos, hoy se han reemplazado por la lengua
orgánica, compostable y reciclable que reparte fluidos víricos por todos lados.
En fin, apreciada lectora y apreciado lector,
si al acabar de leer estas líneas decides pasar página, no lo hagas chupándote
el dedo, dobla, agarra, o incluso sopla, pero quietecita esa lengua, la salud
pública te lo agradecerá.
Fernando Almansa López
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