martes, 31 de diciembre de 2019

Rasgos que nos conforman quienes nos quieren

Rasgos que nos conforman quienes nos quieren
Hay personas que dejan huellas profundas en nuestras vidas, huellas que se marcan en pequeños detalles que van calando hondo y conforman un recuerdo de vivencias, experiencias y sentimientos que nos dan forma a través de la relación con ellos.
Alguien quien me dejó huella profunda es mi tía Teresa, que descanse en Paz. Algunas de las experiencias que han conformado esa huella profunda en mí son:
Vivir la experiencia de la “familia extendida”: éste es un concepto muy común en África, y varios países asiáticos. Sentir que tu familia no son solamente tus padres y hermanos directos, sino tus tíos y primos, ellos son como padres y hermanos y se establece esta relación de forma natural. Gracias a la acogida que mis tíos Teresa y Román, siempre me dieron, y a la convivencia fraternal con mis numerosos primos y primas, he podido experimentar algo fabuloso y extraordinario y que en nuestra cultura es poco común: vivir y experimentar la riqueza de la familia extendida.
Compartir la espiritualidad desde la diferencia generacional y de contexto social. Conservo el grabado que mi tía me regaló, con la imagen de San Francisco predicando a los pajarillos; una escena maravillosa y cargada de significado, de la increíble y ejemplar vida y conversión de San Francisco de Asís. A pesar de la distancia en la edad y de  los entornos en que nuestra fe se desarrolló, con mi tía Teresa pude tener una comunicación de trascendencia espiritual, reflejada en pequeños símbolos, detalles y oraciones compartidas.
Ofrecer lo necesario con generosidad: al regresar de África tras dos años de voluntariado, ya casado y con nuestra hija mayor, entonces bebé de pocos meses, nuestros tíos nos ofrecieron alojamiento, hasta que pudimos instalarnos por nuestra cuenta. Discretamente, sin aspavientos, ni bombo ni platillo; fue una acogida maravillosa, de la que la sagrada familia no pudo beneficiarse, porque no debía haber ninguna “tía Teresa ni tío Román” en Belén en aquellos días; nosotros sí tuvimos esa suerte.
Escribir con libertad aun en la discrepancia: Mis artículos en Nueva Alcarria, que ya llevan un recorrido de más de 16 años, han provocado, algunos sarpullidos y críticas entre los sectores más conservadores, por lo incisivo de mi argumentario, y mi cierto descaro en algunos planteamientos que con orgullo defino como radicales por ser de raíz. Mi tía Teresa me defendía a pesar de que pudiéramos tener planteamientos ideológicos diversos. Ella confiaba en mi criterio y me defendió en más de una ocasión. Eso sí es defender la libertad de expresión, especialmente en los círculos más pequeños, que suelen ser los más duros de roer.
Y  las judías verdes que me evitabas porque de chico me daban arcadas, y el chaquetón de lana que me hiciste y con el que estudié gran parte de la carrera, y el dejarme la cocina para hacer churros para toda la familia, y tantos detalles de vida, que ahora ya están en el recuerdo y en la huella profunda que da un rasgo más a mi personalidad. Gracias tía Tere.
Apreciar los rasgos que otros nos han conformado, de forma positiva y prolongada es dar gracias a Dios por la vida a través de la vida de los otros.


Fernando Almansa

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