Veraneos
intergeneracionales e individuales
Como cada año el mes de Agosto pone el país
en un modo relax y de semi-parálisis de una gran parte de servicios.
Hay rutinas que se repiten cada año, algunas vendidas
como noticias de dudosa veracidad pero que dan la sensación al pueblo de
serenidad y normalidad. Véase la noticia de “ Los reyes ya están en su
residencia de Mallorca”,… cómo cada año…. ¡Qué rollo!, pobre Felipe…., si fuera
cierto, desde que nació, lo mismo; pero es sólo la carátula de un disco que
encierra otras músicas.
Algunos ritualmente van a sus apartamentos de
la playa, visitan la casa rural de siempre o se van a sus pueblos de origen o
adopción y a repetir felizmente las rutinas establecidas: la partida de cartas,
el paseo en bicicleta, la “charleta” en
el banco, el paseo vespertino por la carretera desafiando a todo tipo de vehículos,
… Serenidad y olvido de los agobios de la vida de 11 meses al año, o más.
Yo, lo que más valoro de las vacaciones de
verano es la convivencia intergeneracional a la que algunos tenemos la suerte
de poder acceder; cuatro generaciones en una casa: bisabuela, abuelos, padres,
hijos…; sin duda es todo un reto combinar trabajos, horarios; ruidos y silencios,
dietas, conversaciones, juegos, turnos de baños,… pero es la vida encapsulada
en un microcosmos, donde disfrutar de la compañía y ceder en los espacios
personales es la fórmula perfecta de la convivencia intergeneracional.
Otros por desgracia, “vacacionean” ,
intentando el aislamiento generacional, ingresando a abuelas y abuelos, matriculando
a hijos e hijas en un sinfín de actividades “non-stop” hasta el total
agotamiento y hasta principios de curso…., de todo hay. Pero sin duda la combinación
de convivencia intergeneracional, cuando es posible, y la reserva de espacios
propios de reflexión y descanso, es a mi modo de ver una fórmula de
enriquecimiento grande que nuestra sociedad debería recuperar con más interés,
antes de que la atomización social por un individualismo descerebrado, acabe por
desarticular completamente la sociedad.
Fernando Almansa
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