Cabezas de Jíbaros
Siendo adolescente, me produjo un
gran impacto ver aquellas pequeñas cabezas reducidas que los Jíbaros realizaban
y cuyas muestras habían llegado hasta el museo de América de Madrid. No sé si
aún se exhibirán estas cabecitas, teniendo en cuenta que el respeto a las
personas que portaron aquellas testas, debe prevalecer sobre la curiosidad del público.
Pero sea como sea, aquellas cabezas reducidas, a casi un tercio de su original
tamaño, eran un trofeo para los Jíbaros, que no solo habían matado a sus
enemigos sino que además podían exhibirlos de forma cómoda y diminuta.
Hoy, ya no me impresionan
aquellas cabezas de Jíbaros, porque las veo por todos lados, no sé si producto
de mi edad o acaso sea una realidad objetiva, el hecho de que una gran
parte de los personajes públicos,
particularmente políticos, pero también otros, muestran sin pudor sus diminutas
cabezas con sus correspondientes mínimos cerebros, y pasean esas cabecitas sin rubor alguno, rodeado de un discurso
verborréico y populista. No son menos, los que desde las masas públicas exhiben
sus jibáricas cabezas y aplauden con sus desproporcionadas manos, las
atrocidades de sus personajes favoritos.
Discúlpeme quien crean que me
tengo por cabeza superior, no; pero sí me tengo por cabeza pensante y algo
cabezón, todo sea dicho.
Pero, ¿cómo calificar a
personajes tan esperpénticos, peligrosos e irracionales como Donald Trump? por
nombrar el mayor ego-irracional cuasi omnipotente que pulula por el planeta.
Y si descendemos a escenarios
más próximos, nuestros políticos, a quien algunos medios de comunicación insisten
en llamar líderes, aunque sólo sean marionetas. ¿Qué decir de su altura de
miras en sus debates?, ¿Su visión a largo plazo?, ¿su comprensión de las
múltiples realidades sociales?. Cabezas de Jíbaros, Jíbaritos.
Y si lo miramos desde los grandes
problemas de la humanidad, ¿qué decir?. En Medio Ambiente, los datos son
escalofriantes y lo venimos padeciendo; nadie puede negarlo ya; pero ni hay políticas
serias medioambientales ni educación básica. En nuestros pueblos y ciudades,
tirar latas a la calle, envoltorios de plástico, o abandonar pañales sucios o envoltorios
de aluminio en medio del campo, son prácticas comunes y “normalizadas”
socialmente.
¿Y si hablamos de políticas
sociales?, de atención real a los colectivos más vulnerables, desde una
prevención efectiva y no desde el remedio electoralista y lleno de subvenciones
clientelistas.
¿Y si hablamos de solidaridad
internacional,…?; ¿ y si hablamos de guerras,…?
¿En qué mundo vivimos y qué cabezas
de Jíbaros toman las decisiones y que cabezas de chorlito, las siguen sin
cuestionarlo?.
Pues no, no quiero ser ni cabeza
de Jíbaro, ni de chorlito, sino cabeza pensante; y animo a todos y todas a
reaccionar y llamar tonto a quien lo es con independencia de los laureles con
los que se coronen, y a exigir responsabilidad y madurez social, medioambiental
y colectiva a todos los que se atribuyen un rol representativo en la sociedad.
Fernando Almansa
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