martes, 23 de julio de 2019

Cabezas de Jíbaros

Cabezas de Jíbaros

Siendo adolescente, me produjo un gran impacto ver aquellas pequeñas cabezas reducidas que los Jíbaros realizaban y cuyas muestras habían llegado hasta el museo de América de Madrid. No sé si aún se exhibirán estas cabecitas, teniendo en cuenta que el respeto a las personas que portaron aquellas testas, debe prevalecer sobre la curiosidad del público. Pero sea como sea, aquellas cabezas reducidas, a casi un tercio de su original tamaño, eran un trofeo para los Jíbaros, que no solo habían matado a sus enemigos sino que además podían exhibirlos de forma cómoda y diminuta.
Hoy, ya no me impresionan aquellas cabezas de Jíbaros, porque las veo por todos lados, no sé si producto de mi edad o acaso sea una realidad objetiva, el hecho de que una gran parte  de los personajes públicos, particularmente políticos, pero también otros, muestran sin pudor sus diminutas cabezas con sus correspondientes mínimos cerebros, y pasean esas cabecitas  sin rubor alguno, rodeado de un discurso verborréico y populista. No son menos, los que desde las masas públicas exhiben sus jibáricas cabezas y aplauden con sus desproporcionadas manos, las atrocidades de sus personajes favoritos.
Discúlpeme quien crean que me tengo por cabeza superior, no; pero sí me tengo por cabeza pensante y algo cabezón, todo sea dicho.
Pero, ¿cómo calificar a personajes tan esperpénticos, peligrosos e irracionales como Donald Trump? por nombrar el mayor ego-irracional cuasi omnipotente que pulula por el planeta.
Y si descendemos a escenarios más próximos, nuestros políticos, a quien algunos medios de comunicación insisten en llamar líderes, aunque sólo sean marionetas. ¿Qué decir de su altura de miras en sus debates?, ¿Su visión a largo plazo?, ¿su comprensión de las múltiples realidades sociales?. Cabezas de Jíbaros, Jíbaritos.

Y si lo miramos desde los grandes problemas de la humanidad, ¿qué decir?. En Medio Ambiente, los datos son escalofriantes y lo venimos padeciendo; nadie puede negarlo ya; pero ni hay políticas serias medioambientales ni educación básica. En nuestros pueblos y ciudades, tirar latas a la calle, envoltorios de plástico, o abandonar pañales sucios o envoltorios de aluminio en medio del campo, son prácticas comunes y “normalizadas” socialmente.
¿Y si hablamos de políticas sociales?, de atención real a los colectivos más vulnerables, desde una prevención efectiva y no desde el remedio electoralista y lleno de subvenciones clientelistas.
¿Y si hablamos de solidaridad internacional,…?; ¿ y si hablamos de guerras,…?
¿En qué mundo vivimos y qué cabezas de Jíbaros toman las decisiones y que cabezas de chorlito, las siguen sin cuestionarlo?.
Pues no, no quiero ser ni cabeza de Jíbaro, ni de chorlito, sino cabeza pensante; y animo a todos y todas a reaccionar y llamar tonto a quien lo es con independencia de los laureles con los que se coronen, y a exigir responsabilidad y madurez social, medioambiental y colectiva a todos los que se atribuyen un rol representativo en la sociedad.


Fernando Almansa

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