martes, 21 de mayo de 2019

Elecciones del siglo XIX para retos del siglo XXI

Elecciones del siglo XIX para retos del siglo XXI

Este domingo volveremos a las urnas, nada menos que a “tres procesos electorales en uno”, cuando aún no nos hemos recuperado del anterior. Se trata de delegar nuestra participación ciudadana en representantes en diversos ámbitos: municipal, autonómico y europeo; tras haberlo hecho en la Cámara Alta y en la Baja, hace apenas unos días. El sistema de asignar los escaños o representaciones, varía según el ámbito electoral; pero al final es la combinación de la definición de circunscripciones electorales y la aplicación de la ley D’Hondt la que en España decide la forma en que nuestro voto se aplica. Una ley inventada en  1878, hace siglo y medio, y que sigue siendo vigente, por oscuros intereses de reparto entre los grandes partidos.
En una era donde se compra por internet, se comunica por internet, se hacen todo tipo de trabajos por mecanismos de comunicación electrónicos; en una época en la que el número de terminales de telefonía móvil en el país es muy superior al número de habitantes; seguimos rellenando papeletas, haciendo circunscripciones electorales decimonónicas, y aplicando un sistema de reparto de escaños que no solo es injusto, sino que es incapaz de aprovechar el inmenso conocimiento matemático, político y tecnológico que se ha desarrollado en el último siglo y medio.

Además se movilizará a miles de ciudadanos que deberán estar en las mesas electorales  de 8 de la mañana a quizá las dos o las tres de la madrugada, contando papeletas y acumulando errores humanos que se revertirán finalmente sobre un sistema electrónico de compilación de datos sofisticado, tan sofisticado como el que no se quiere imponer para que la ciudadanía vote electrónicamente en un marco electoral, renovado, más justo y proporcional.

El sistema democrático parece estar anclado en los miedos, el miedo de cambiar circunscripciones, el miedo a cambiar la asignación de escaños, el miedo a cambiar la forma de votar, el miedo a proporcionalidades más sofisticadas y acorde con la capacidad matemática y tecnológica actual y con la realidad política y social de estados modernos, complejos y donde la ciudadanía comparte información instantáneamente; el miedo a actualizar la constitución, el miedo en definitiva a una democracia más avanzada.
Votaremos, a la vieja usanza, vestidos con trajes de época, y ¡ hasta la próxima!.
La democracia, si no se adapta a los tiempos, es un retal de historia mal cosido a la sociedad.


Fernando Almansa López

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