Elecciones del siglo XIX
para retos del siglo XXI
Este
domingo volveremos a las urnas, nada menos que a “tres procesos electorales en
uno”, cuando aún no nos hemos recuperado del anterior. Se trata de delegar
nuestra participación ciudadana en representantes en diversos ámbitos:
municipal, autonómico y europeo; tras haberlo hecho en la Cámara Alta y en la Baja,
hace apenas unos días. El sistema de asignar los escaños o representaciones,
varía según el ámbito electoral; pero al final es la combinación de la
definición de circunscripciones electorales y la aplicación de la ley D’Hondt
la que en España decide la forma en que nuestro voto se aplica. Una ley
inventada en 1878, hace siglo y medio, y
que sigue siendo vigente, por oscuros intereses de reparto entre los grandes
partidos.
En una
era donde se compra por internet, se comunica por internet, se hacen todo tipo
de trabajos por mecanismos de comunicación electrónicos; en una época en la que
el número de terminales de telefonía móvil en el país es muy superior al número
de habitantes; seguimos rellenando papeletas, haciendo circunscripciones
electorales decimonónicas, y aplicando un sistema de reparto de escaños que no
solo es injusto, sino que es incapaz de aprovechar el inmenso conocimiento matemático,
político y tecnológico que se ha desarrollado en el último siglo y medio.
Además
se movilizará a miles de ciudadanos que deberán estar en las mesas electorales de 8 de la mañana a quizá las dos o las tres
de la madrugada, contando papeletas y acumulando errores humanos que se
revertirán finalmente sobre un sistema electrónico de compilación de datos
sofisticado, tan sofisticado como el que no se quiere imponer para que la
ciudadanía vote electrónicamente en un marco electoral, renovado, más justo y
proporcional.
El sistema
democrático parece estar anclado en los miedos, el miedo de cambiar
circunscripciones, el miedo a cambiar la asignación de escaños, el miedo a
cambiar la forma de votar, el miedo a proporcionalidades más sofisticadas y
acorde con la capacidad matemática y tecnológica actual y con la realidad
política y social de estados modernos, complejos y donde la ciudadanía comparte
información instantáneamente; el miedo a actualizar la constitución, el miedo en
definitiva a una democracia más avanzada.
Votaremos,
a la vieja usanza, vestidos con trajes de época, y ¡ hasta la próxima!.
La
democracia, si no se adapta a los tiempos, es un retal de historia mal cosido a
la sociedad.
Fernando
Almansa López
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