El tarro de monedas
Es una
imagen de infancia, una anécdota pequeña, pero que se pega a la memoria con
gran viveza, y solo cunado pasa el tiempo y ya las canas han cubierto la
cabeza, soy capaz de apreciar en todo su valor.
Es el
tarro de cristal, que mi tía Leo, tenía en la cocina y donde iba echando las
monedas de cambios que iban cayendo en sus manos, pesetas de las de entonces.
¿qué hacía con ellas?, pues esencialmente cosas buenas, darlo a la parroquia, a
alguien necesitado, o lo que considerará más necesario y oportuno.
¿Por qué
me llamó la atención?, porque esas pesetas era lo que yo gastaba en pipas o
regaliz, y me parecía admirable que la tía Leo, madre de una extensísima familia,
no usara esas pesetas para ella misma o la familia. Me parecía sorprendente esa
forma de ahorro caritativo.
Sólo
ahora entiendo que cada vez que una peseta entraba en el tarro, además de
generar una pequeña ayuda, generaba un pensamiento positivo solidario, un
recuerdo del deber de compartir, como quien reza una y otra vez una oración
para recordarse así mismo su sencillez ante Dios. Una y otra moneda, recordaba
que lo pequeño es hermoso y que solo los gestos cotidianos y perseverantes
tienen valor, no las estridencias puntuales y mediáticas.
El
tarro de monedas era de cristal, era de hecho, uno de esos frascos de café vacíos,
se veía como subían las monedas y cuando llegaba al límite, se vaciaba en la
entrega total y se volvía a empezar.
Una
anécdota, que refleja la grandeza de la tía Leo y que se manifestaba en miles
de cosas cada día, en su fortaleza, su simpatía, su caridad, su discreción, su
inteligencia, su capacidad de administrar; su capacidad inagotable de trabajar,
de ir a por todo y a por todas en todo momento. Una mujer de una pieza, como las
grandes mujeres que se relatan en el Antiguo Testamento.
Desde
el cielo, te reirás al “leer” estas líneas, y tu sonrisa nos bendecirá como
tantas veces. Descansa en Paz tía Leo.
Fernando
Jesús Almansa López
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