El gigante y el viento
El gigante dormía
despreocupado cuando una suave brisa le hizo despertar.
Miró de donde venía,
pero su tosca cara no tenía sensibilidad suficiente para apreciar su origen y decidió
dormir de nuevo, pero la brisa crecía y le hizo estornudar. Aquello le incomodó
bastante y se propuso averiguar el origen de aquella brisa y recordó que una
buena forma para aumentar la sensibilidad al viento era chuparse el dedo y
exponerlo al viento, para notar de qué lado se refrescaba más y así saber el
origen del viento. No obstante se quedó chupándose el dedo si saber de dónde
procedía la brisa.
La brisa se convirtió
en un viento ya fuerte y algunas hojas de los árboles golpearon la cara del
gigante, éste se enfureció y miró hacia todas partes buscando al viento. Finalmente
a lo lejos vio un anemómetro que giraba velozmente, pensó que aquel aparato era
el origen del viento y acercándose de dos zancadas, lo aplastó de un manotazo y
lo remató con una porra. Pero el viento seguía y cogía cada vez más fuerza.
Miró de nuevo alrededor
y en lo alto de la torre de una iglesia, encima del campanario, vio una veleta
que con pequeñas oscilaciones a izquierda y derecha, marcaba hacia el Noreste.
De nuevo el gigante pensó que la veleta era la causante del viento y subiendo
con desprecio a la torre de la iglesia, aplastó la veleta, torció su flecha hacia
abajo y retorció su eje hasta dejarla inservible.
Para entonces el
viento era ya un pequeño huracán que lo hizo caer de la torre.
Fuertemente
golpeado, desconcertado y rabioso, comprobó que la veleta solo era un indicador
del viento, pero no era el viento.
Furioso observó
un molino de viento que giraba alocado, también lo destruyó.
El viento
entonces ya convertido en huracán derribo al gigante, lo arrastró por los suelos,
lo volteó en el aire y lo alejó en el horizonte perdiéndose para siempre.
Mientras todo
esto ocurría una mujer inteligente y laboriosa, usó la brisa para meditar, el
viento para secar la ropa, y el incipiente huracán para poner en marcha generadores
eólicos de gran potencia. Porque ella sabía que el viento no se puede parar, sino
que hay que saber usarlo y canalizarlo inteligentemente.
A mis amigas y
amigos catalanes, viento fresco y renovador. Bon vent per fer bon camí!
Fernando Almansa López
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