Un
rey sin pulso
La
revocación del título de duquesa de Palma a la infanta Cristina, por parte de
Felipe VI ha sido alabado por numerosos medios de comunicación, como un hecho
loable y ejemplarizante de moral en la vida pública y en la Corona. Algo digno de
un rey coherente y ético.
A mí me
parece todo lo contrario, me parece que Felipe ha patinado por el tobogán de la
rabieta y de la insensatez. Pero peor aún me parece que éste hecho de rabieta
fraternal lo pretenda llevar al ámbito de lo moral.
Si
Felipe quiere dar ejemplo de buenas conductas, podría haber empezado por hacer
algo social y comprometido hace años, en lugar de estar viviendo una vida
muelle sin ningún tipo de implicación social. Ahora quiere remediarlo con alta
pose, seria barba y discursos engolados con abundante salpicadura de moralina
en cada párrafo.
Es tarde
Felipe, llegas tarde, tu trayectoria te precede. Cristina a quien no defenderé
yo, es la única de la real familia que junto a la Reina Sofía pueden acreditar
en lo personal, haber demostrado una sensibilidad social, cosa que Felipe jamás
mostró.
El hecho
de la revocación del título de Duquesa es además un acto ofensivo a la familia.
Aunque el hecho fuera anacrónico, ese título era un regalo de un padre a una hija
el día de su boda, quitarle el título, ¿mejora la imagen de la corona?, no; me temo
que empeora la imagen de autoritarismo, falta de pulso y desprecio hacia su padre
aun vivo y a su hermana.
Escribo contracorriente
pues es bonito y fácil el seguidismo de los
medios de comunicación y soñar con reyes impecables que quizá algún día sean
declarados santos; pero me temo que a Felipe VI, su carácter débil le lleva a hacer
acciones inoportunas e inoperantes pues no consiguen su fin pretendido. En fin de
una vez por todas viva la República , la que Felipe alaba cuando va a Francia y
la que ignora cuando está en casa.
Fernando
Almansa
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