15-M = ¡VIVA LA ISIDRA!
Cuando en 1812, se gritó “Viva la Pepa”, dando paso a una nueva constitución progresista en España, no era sino el culmen de un proceso de resistencia y transformación social en la ajetreada España de la invasión napoleónica. Una constitución que culminaba un proceso de revueltas contra las debilidades monárquicas y gubernamentales y el sometimiento a las tropas invasoras francesas. El motín de Aranjuez sería uno de los detonantes de todo un proceso constituyente.
Quizá ahora en el 2011, el movimiento “15 de mayo”, de origen a una nueva constitución será “la Isidra”.
Este movimiento espontaneo y contundente, es legítimo y esencialmente ético.
La demagogia en al que ha derivado el sistema político reinante en España y en el mundo, la arrogancia e inoperancia de una gran parte de dirigentes y opositores, el menos precio a la ciudadanía, la aplicación de las políticas más intransigentes del capitalismo radical, la dilapidación de los caudales públicos, la corrupción, la ineficacia y la prepotencia de la clase política sometida a las tropas invasoras del capital, como otrora lo fuera a las trapas napoleónicas, han estallado en un brote de solida indignación.
Sin duda hay un capital social acumulado en las dos últimas décadas que rinde sus beneficios, hay que recordar las movilizaciones del 0,7% a mediados de los años 90, y las de “ Guerra No” de 2003. Esta es una nueva manifestación, más capaz y sólida y que se nutre intelectualmente de las recientes publicaciones de “Indignaos” o “Reacciona”, que han puesto sobre el tapete que ya se ha llegado a la gota que desborda el vaso.
No se puede estar fuera de este mensaje sencillo y radicalmente democrático: Basta de abusos, de manipulaciones y de jugar con la degenerada “res-publica”.
Los movimientos del Magreb, tenían que llegar y ha llegado, porque el Gadafi que ahora se busca como a una presa de caza, era hace apenas unos meses objeto del protocolo de nuestro Gobierno. Las revueltas sociales tenían que llegar porque cinco millones de parados, no caben debajo de la alfombra, y los discursos patéticos de las grandes fuerzas electorales solo hacen subir la indignación. La revuelta pacífica tenía que llegar por que la banca y multinacionales han esquilmado a la población sin ningún apuro y con la connivencia de la clase política.
Hay que sumarse al a revolución pacífica que ya está en marcha, que no debe dejar ni un golpe ni un porrazo, debe dejar un fruto esencial: un nuevo contrato social, justo y de verdadera democracia.
Una nueva constitución está en marcha : ¡Viva La Isidra!
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