jueves, 5 de junio de 2014

Monarquía, madurez y falsedad

Monarquía, madurez y falsedad

La abdicación del rey, ha generado una ola de reacciones entre los que se declaran a favor y en contra de la monarquía. Con independencia de fanatismos contra los que no vale argumentación alguna, vale la pena repasar lo que supone la monarquía en un ya avanzado siglo XXI a casi 40 años de la muerte de un dictador que gobernó España durante otros tantos años. Una Monarquía impuesta como legado propio por el dictador “generalísimo”; una monarquía que juró  fidelidad al “movimiento nacional”, a la constitución del 78 y a todo lo que se le pusiera por delante. Hay quien cuestiona lo que juró el 23F, (Pilar Urbano, nada sospechosa de trotskista).
Una monarquía que sus tres grandes virtudes han sido su simpatía, el pedir perdón tras la cacería de elefantes y su abdicación. Hay que dejar en suspenso su papel en el 23-F, hasta la desclasificación de los documentos relativos al caso no aporte una luz certera sobre el papel que jugó el rey aquella noche.
Una monarquía revestida de todos los atributos militares y de un patriarcalismo machista trasnochado. Una monarquía que es irresponsable legalmente y revestida del discurso de la responsabilidad ante el pueblo español… Todo ello no parece un legado sobre el que seguir construyendo.
Por otro lado se oyen argumentos fuertes sobre la continuidad institucional que la monarquía ofrece, o la mejor preparación del príncipe, o su profesionalidad. En abstracto todo esto suena bonito, y como bonito que parece, si además fuera bueno y barato, (qué no lo es), valdría la pena comprarlo, pero me pregunto yo:
¿Continuidad institucional?, precisamente lo que necesitamos con urgencia es una radical transformación de las instituciones, donde los ciudadanos sean los verdaderos protagonistas de la vida pública y no las élites, sean las aristocráticas o  de politicastros trasnochados.
¿Qué el príncipe está mejor preparado?, ¿qué quién?, ¿qué su padre?; eso no es difícil y con casi cincuenta años a sus espaldas sin hacer otra cosa que prepararse, ya puede estarlo. Pero ¿está acaso mejor preparado que la media de los españoles de su generación?, lo dudo, no sé si sabe algo de la vida real, además de la buena vida, de leer átonos discursos que le escriben otros, o de hacer brindis en traje de gala.
¿Profesionalismo? A mí no me cuadra que lo de Felipe sea profesionalismo, para mi profesionalismo tiene que ver con conocimiento, competencias, colegialidad con otros compañeros, con código ético,…. Nada que ver con el saber chapurrear tres idiomas, o saber con qué cuchillo se toma el postre, eso es “vanitas vanitatis…”
Y por último hay quien habla de transparencia,…. ¿de qué?, ¿del palacete que se construyó al casarse?, ¿de sus salarios que hasta antes de ayer quedaron ocultos?, ¿de su supuesto matrimonio “católico”, que a los cristianos de base escandaliza?,
¿De qué nos hablan cuando nos dicen que Juan Carlos ha conducido la nave de los años de mayor prosperidad,…? (querrán decir que el capitaneaba su yate “El Bribón” (y que bien traído está el nombre) mientras los demás remábamos en galeras. Y ahora que ya ni remos tenemos para trabajar, viene Felipe a capitanear la “Unidad de destino en lo Universal…”  ¡bien vamos!
Felipe serás de rey de muchos,  pero mío ¡NO!.


Fernando Almansa

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