Monarquía,
madurez y falsedad
La abdicación del rey, ha generado una ola de reacciones
entre los que se declaran a favor y en contra de la monarquía. Con
independencia de fanatismos contra los que no vale argumentación alguna, vale
la pena repasar lo que supone la monarquía en un ya avanzado siglo XXI a casi
40 años de la muerte de un dictador que gobernó España durante otros tantos
años. Una Monarquía impuesta como legado propio por el dictador “generalísimo”;
una monarquía que juró fidelidad al “movimiento
nacional”, a la constitución del 78 y a todo lo que se le pusiera por delante.
Hay quien cuestiona lo que juró el 23F, (Pilar Urbano, nada sospechosa de trotskista).
Una monarquía que sus tres grandes virtudes han sido su
simpatía, el pedir perdón tras la cacería de elefantes y su abdicación. Hay que
dejar en suspenso su papel en el 23-F, hasta la desclasificación de los documentos
relativos al caso no aporte una luz certera sobre el papel que jugó el rey
aquella noche.
Una monarquía revestida de todos los atributos militares
y de un patriarcalismo machista trasnochado. Una monarquía que es irresponsable
legalmente y revestida del discurso de la responsabilidad ante el pueblo español…
Todo ello no parece un legado sobre el que seguir construyendo.
Por otro lado se oyen argumentos fuertes sobre la
continuidad institucional que la monarquía ofrece, o la mejor preparación del príncipe,
o su profesionalidad. En abstracto todo esto suena bonito, y como bonito que
parece, si además fuera bueno y barato, (qué no lo es), valdría la pena
comprarlo, pero me pregunto yo:
¿Continuidad institucional?, precisamente lo que necesitamos
con urgencia es una radical transformación de las instituciones, donde los ciudadanos
sean los verdaderos protagonistas de la vida pública y no las élites, sean las
aristocráticas o de politicastros
trasnochados.
¿Qué el príncipe está mejor preparado?, ¿qué quién?, ¿qué
su padre?; eso no es difícil y con casi cincuenta años a sus espaldas sin hacer
otra cosa que prepararse, ya puede estarlo. Pero ¿está acaso mejor preparado
que la media de los españoles de su generación?, lo dudo, no sé si sabe algo de
la vida real, además de la buena vida, de leer átonos discursos que le escriben
otros, o de hacer brindis en traje de gala.
¿Profesionalismo? A mí no me cuadra que lo de Felipe sea
profesionalismo, para mi profesionalismo tiene que ver con conocimiento,
competencias, colegialidad con otros compañeros, con código ético,…. Nada que
ver con el saber chapurrear tres idiomas, o saber con qué cuchillo se toma el
postre, eso es “vanitas vanitatis…”
Y por último hay quien habla de transparencia,…. ¿de qué?,
¿del palacete que se construyó al casarse?, ¿de sus salarios que hasta antes de
ayer quedaron ocultos?, ¿de su supuesto matrimonio “católico”, que a los
cristianos de base escandaliza?,
¿De qué nos hablan cuando nos dicen que Juan Carlos ha
conducido la nave de los años de mayor prosperidad,…? (querrán decir que el
capitaneaba su yate “El Bribón” (y que bien traído está el nombre) mientras los
demás remábamos en galeras. Y ahora que ya ni remos tenemos para trabajar,
viene Felipe a capitanear la “Unidad de destino en lo Universal…” ¡bien vamos!
Felipe serás de rey de muchos, pero mío ¡NO!.
Fernando Almansa
No hay comentarios:
Publicar un comentario