Myanmar:
más allá de los titulares
Myanmar, la antigua Birmania en tiempos de la colonia
británica, es un país fascinante que se está abriendo rápidamente al mundo,
tras los acuerdos alcanzados para la transición democrática después de décadas
de régimen militar, (desde 1962 hasta 2011).
La liberación en Noviembre de 2010, de la mundialmente
conocida opositora y premio Nobel de la Paz Aung San Suu Kyi marcó un
nuevo rumbo en la evolución política del país. La comunidad internacional está
encandilada por quien sin duda es una heroína nacional, y cuyos méritos, entre
otros, están el haber mantenido la llama encendida de la libertad en Myanmar y
mantener a este país en la agenda mundial durante las dos últimas décadas.
Pero esté encandilamiento, puede costarle muy caro al
pueblo de Myanmar si la comunidad internacional no es capaz de ver más allá de
estos logros, y no apoya a los pueblos de Myanmar en los muchos retos que
confronta.
La liberación de Aung San Suu Kyi
quien preside la Liga Nacional para la Democracia, ha dejado tras
el entusiasmo inicial, una ristra de decepciones y desilusiones en amplios
sectores de la sociedad de Myanmar. Una
de las críticas fundamentales es su falta de asunción de la agenda de los
diferentes grupos étnicos y nacionalidades que conviven bajo el territorio
estatal de Myanmar.
La antigua Birmania, hoy Myanmar, es un conglomerado
complejo de diferentes grupos étnicos con culturas propias, que fueron
aglutinados por diseño británico en un único Estado, Birmania, como la denominaron
los británicos. De hecho los Bamar (Birmanos) es el grupo étnico mayoritario, al
que pertence Aung San Suu Kyi, pero
existen varios otros como los Shan, Kachin, Chin, Rakhin, Mon, Kayin, etc.. Muchos
de estos grupos han mantenido relaciones tensas con el gobierno central del
régimen militar que controló el país durante cincuenta años. Y lamentablemente
algunos conflictos han tomado formas de violencia armada en el último año y
medio, como es el caso del estado de Kachin, que lejos de haber visto atendidas
sus históricas reivindicaciones de mayor autonomía, se siente ignorado mientras
la comunidad internacional focaliza sus entusiasmo en la liberación de Aung San Suu Kyi, y negocia a marchas forzadas
inversiones extranjeras en un país que tiene mucho que ofrecer, y muy en
particular en sus riquezas minerales.
El
pueblo Kachin atrapado en un conflicto armado entre las fuerzas gubernamentales
de Myanmar y el KIA (ejército de los rebeldes Kachin), huye a lugares donde
puedan encontrar refugio y cierta seguridad, dejando atrás sus casas, tierras,
animales, y lamentablemente en algunos caso a sus familiares.
Se
calcula que actualmente hay más de 70.000 desplazados internos en el estado de
Kachin, que precisan de ayuda humanitaria. Las ONG locales y las iglesias
cristianas y templos budistas acogen a varios de estos desplazados y gracias a
algunos apoyos de ONGs internacionales consiguen hacer llegar una parte de la
ayuda necesaria.
Pero
es necesario que la paz llegue pronto y que la comunidad internacional ayude a
ello, apoyando la resolución del conflicto y no solo celebrando liberaciones
pasadas mientras las delegaciones comerciales visitan el país.
Myanmar
es más que Aung San Suu Kyi y más que sus maravillas turísticas.
Fernando
Almansa
No hay comentarios:
Publicar un comentario